Paseando con los “greeters” parisinos

Los “greeters” son personas que acogen a los turistas en su ciudad y les enseñan lugares que aprecian como lo harían con sus familiares. Yo formo parte de esta asociación desde varios años e intento participar a los juegos de pista que organizan una vez al año, para mantener el contacto entre los voluntarios.

Este año tocaba pasear por el distrito XIII. Los organizadores nos citaron delante de la iglesia Santa Rosalia, justo al lado de la estación de metro Corvisart. Yo fui a la cita sola, pero pronto me apuntaron en un equipo que bautizamos “los solistas”. Adoptamos a todas las personas solas y así pasamos de tres a siete personas.

El primer tramo del juego nos llevó al jardín René Le Gall en donde tuvimos que buscar dos dibujos creados con guijarros y sacarlos en foto.

Al salir del jardín, uno de los organizadores esperaba a los participantes delante del edificio del “Mobiliario nacional” con una prueba de cultura general: identificar los estilos de cinco muebles…

Luego fue preciso contestar a varias preguntas cuyas respuestas aparecían en los carteles dispuestos por el Municipio de París al lado de todos los lugares “interesantes”. Echamos un vistazo al “Castillo de la Reine Blanche” y al museo de los Gobelins, ubicamos una escultura de Rodin en la avenida, pasamos al lado de una famosa escuela de diseño gráfico y nos paramos un rato delante de una antigua relojería.

El juego nos llevó a otro jardín en donde dos organizadores nos esperaban con un crucigrama dedicado a Camille Claudel, Rodin y otros artistas.

A continuación, echamos un vistazo a “La Petite Alsace”, visitamos la villa Daviel antes de seguir rumbo a la calle de la esperanza.

En la colina de la «Butte-aux-cailles», pudimos admirar una impresionante muestra de arte callejero. También tuvimos que cantar “le temps des cerises” antes buscar dibujos de Miss’Tic, nombres de barres y detalles en las paredes.

Esta parte del recorrido se acabó en la plaza Verlaine, justo al lado de la fuente artesiana y de la elegante piscina del barrio.

Luego sólo quedaban unas cuadras para llegar al café en donde se celebraba el fin del recorrido.

¡Fue una tarde muy agradable!

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