Crónicas de huelga

Lunes:
Mi autobús de siempre no funciona, pero la página de información de la sociedad de transportes indica que otro autobús, que sale de la estación del Norte, funciona normalmente. Así que a la seis y cuarto voy a la estación en donde ya hay mucha gente, demasiado gente para el autobús 43 en donde los trabajadores de la madrugada batallan para entrar…
Yo renuncio a esperar más y sigo caminando rumbo a la plaza de la Nación, a pesar de los chubascos que complican la progresión y de los atascos que aparecen poco a poco, con bicis por todas partes. La línea 1 funciona y me lleva a mi destino.
Al atardecer, un bonito cielo azul me anima a volver caminando. Al final serán 16 kilómetros andando.

Martes:
Al controlar las informaciones de la sociedad de transportes, descubro que en la línea 4, que pasa al lado de mi casa, hay un tren de cada tres. Madrugo para entrar en el primer metro y sobrevivo a la presión de la cantidad enorme de gente esperando en la estación del Norte. Luego un enlace en Châtelet me lleva a la línea automática y así puedo llegar sin problema a mi instituto.
La verdad es que me hubiera gustado participar a este segundo día de huelga y a la manifestación asociada, pero quiero marcharme de París para las fiestas y tengo un montón de cosas por hacer antes.
Al atardecer, la línea automática me lleva a la estación Saint-Paul-Le-Marais y puedo volver a casa tranquilamente, mirando, de paso, los escaparates navideños.

Miércoles:
Repito la estrategia del día anterior para llegar al instituto.
Al atardecer, me acompaña una colega que alojaré porque lleva varios días sin transportes. Dejamos la línea 1 cerca del ayuntamiento y seguimos rumbo al Norte tranquilamente. Sobrevivo a una cena en el restaurante vegano de mi barrio y luego subimos a la colina de Montmartre: los turistas no llegaron a la colina y podemos disfrutar a solas del panorama.
¡Qué suerte!

Jueves:
Con mi colega repetimos la estrategia de los días anteriores y llegamos fácilmente al instituto. Pero se ve que el nivel de cansancio aumenta…
Luego toca poner el traje de representante del personal para preparar y luego participar a una larga reunión con la dirección.
La jornada se acaba a las 18, con lluvia. El metro me lleva al ayuntamiento y hago una parada en la pastelería de la calle Rambuteau para saborear un dulce de limón verde. Luego toca una caminata rumbo al distrito XVIII, comer, leer, dormir.

Viernes:
Último día de la semana laboral. Sigo pasando por la línea 4 pero somos cada día más numerosos en el primer tren del día.
Acabé una de las dos tareas que tengo que hacer antes de marcharme de vacaciones. En medio día, con una colega, aprovechamos un rayo de sol para pasear por el bosque de Vincennes. Al atardecer, vuelvo caminando a casa, dejando atrás mi autobús de siempre atascado en el bulevar Voltaire.

Este fin de semana seguimos sin transportes públicos, con atascos y caminando.
Yo pasé por la zona de La Bastille en donde noté cierta agitación en las tiendas. Ya llegó el último fin de semana antes de las vacaciones escolares y la gente corre por todas partes en busca de regalos.
No sé cómo viajaré hacia Borgoña con la gata y una maleta pesada, pero de momento no me preocupa.
¡Algo inventaremos!

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