Vacaciones…

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Otros lugares

El barrio en donde vivo te habla de otros lugares en cada esquina.

Lugares estáticos de frutas y verduras desconocidas expuestas en las tiendas,

Sitios vivos y alegres de la multitud abigarrada que invade las calles los sábados,

Universo olfativo de los mayoristas que venden cerefolio, perejil o hierbabuena,

Destinos imaginarios inventados al contemplar los trenes de la estación del Norte,

Patria inhóspita de los refugiados que hacen cola para conseguir ayuda en la permanencia de la asociación «France Terre d’asile»…

¡Yo también necesito pasar unos días en otros lugares!

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Retales de agosto

Lunes, noche templada.
Cuando llega el sin domicilio fijo que duerme al pie de mi edificio, constata que varios vecinos están charlando tranquilamente, sentados en «su» banco. El hombre espera un momento antes de expulsar a estos vecinos sin vergüenza que le impiden instalar su cama en «su» banco.

Martes, 8h30.
En la parte del bulevar de La Chapelle que pasa por encima de las vías de ferrocarril, debajo del viaducto de la línea de metro, otros sin domicilio están despertando. Los que duermen en el pequeño jardín de al lado de la estación de metro ya recogieron los colchones y los juntaron verticalmente contra la reja del espacio de los trenes.

Miércoles, 7h30.
Paso por el mismo lugar que ayer pero más temprano. En el acampamiento siguen durmiendo. Noto cinco jóvenes sin manta, pegados unos a otros para combatir el frío de la noche. Justo al lado, un hombre ya despertó y se cepilla los dientes.

Viernes, 7h30.
Cuando paso al lado del bulevar de la Chapelle, una centena de policías están bloqueando el bulevar para embarcar a los naufragos del viaducto en varios autobuses, rumbo al centro de retención de Vincennes. Redada, una vez más, y la vida continúa.

Sábado.
En la frutería, las dependientes esperan a sus últimos clientes antes de cerrar por vacaciones. En la cajita que me corresponde, colocaron la etiqueta «doña kit de supervivencia».
En la muy selecta avenida de Wagram noto dos tiendas de sin domicilios pero nada de eso en los Campos Eliseos: bajando desde el Arco del Triunfo rumbo a la plaza de la Concordia, uno atraviesa un universo invadido por las marcas, con mucha agitación.
Nada más cruzar la avenida Matignon y entrar en los jardines, uno recupera una agradable sensación de tranquilidad. Hora de tumbarse con un libro en el césped.

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Muchos pasos…

Tradicionalmente en Francia se diferencian los veraneantes de julio («juilletistes») de los veraneantes de agosto («aoûtien»). Los primeros empezaron a regresar y eso me dio la oportunidad de escaparme de la oficina para llevar a una pareja de argentinos a pasear por las calles de París.

En el distrito 2 encontramos pocas tiendas cerradas por vacaciones pero otro cantar fue en la galería Verot-Dodat por donde pasamos de puntillas para no despertar a los fantasmas.
La zona de Chatelet sigue en obras pero la canopea ya parece casi acabada.
Caminamos tranquilamente rumbo al mercado de los niños rojos pero desgraciadamente este sitio permanece cerrado los lunes y seguimos hacia la plaza de la República.

Tras una pausa en la terraza de un café, continuamos por la orilla del canal Saint Martin, rumbo a la Villette. Varios grupitos ya estaban instalados para disfrutar del atardecer haciendo un picnic.

 

En la Villette, recorrimos la instalación de París Playa y mis visitantes se pararon en frente de la cancha de baile en donde varias parejas participaban en una clase de tango. Después de pasar un ratito observando a los bailarines, mis acompañantes declararon que algunas parejas tenían muy buen nivel y no se atrevieron a hacer tres pasos en la cancha.
Y así fue como se acabaron los veinte mil pasos del día.

Dediqué el resto de la semana a liquidar los expedientes abandonados en mi despacho por varios colegas que se marcharon de vacaciones.

Ayer, mientras la radio anunciaba 1000 kilómetros de retenciones, volví a visitar el jardín de los invernaderos de Auteuil. A pesar del calor, había poca gente en el jardín y pude visitar varios de éstos muy tranquilamente.
Si los espacios de los cactus y de las orquídeas estaban cerrados, me impresionó el ambiente de selva virgen del lujuriante invernadero de los helechos. En la zona de las hoyas, encontré el espécimen que cultivo en mi oficina y en el pabellón de las palmeras, no conseguí escoger entre las 52 variedades presentadas.
¡Tendré que volver otra vez!

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Encuentros…

El martes por la mañana, el coche de Google Maps estaba sacando fotos de la calle por donde paso para ir a la estación de metro. Para quien no sabe de que se trata, la apariencia de este coche, con sus cámaras instaladas en el techo, resulta bastante asombrosa. Ahora sólo falta esperar la nueva versión del «street view» y controlar si aparece mi camiseta rosa 🙂

Por la tarde tocaba enseñar la colina de Montmartre a tres mexicanas procedentes de Chihuaha. Con gusto hicimos una parada en la tienda de Arnaud Larher.

Os dejo adivinar qué pastel me corresponde 😉

Al día siguiente, varias organizaciones convocaron una nueva manifestación de apoyo a Gaza. Manifestación autorizada, por la zona de Montparnasse, con policías educados… No hubo problemas.
Yo preferí cenar en una terraza soleada de la calle de la Roquette.

El viernes por la mañana, no tenía prisa y conversé un rato con el vigilante nocturno del hotel de la paz. Normalmente, cuando voy al trabajo, este señor suele esperar el fin de su servicio en el umbral de la puerta e intercambiamos un saludo. Desde su puesto de observación tiene una visión muy diferente de la que yo puedo tener y eso siempre resulta interesante. Me habló de los jóvenes que se dedican al tráfico de drogas y no respetan nada, del aumento de la prostitución, de los atracos y de los asombros cotidianos de los policías. Y llegó a la conclusión de que las cosas empeoran. De paso, me regaló varias expresiones deliciosas como «carcel y libertad caminan juntas», «el brujo te pone la cabeza al revés», antes de precisar que su hotel tiene clientes muy correctos.
Y tras este rato escuchándole, creo que este señor añora más que todo la criminalidad de su juventud :-)))

Ese mismo día, el nuevo sin domicilio fijo de mi calle fue llevado a la comisaría por los policías. Cuando pasé delante de este edificio, dos policías jóvenes, blancos y rubios, intentaban vaciar la mochila que el vagabundo había transformado en nido para sus pájaros de compañía.
Se entiende lo del asombro 🙂

Ayer al medio día anunciaron 600 kilómetros de retenciones. Se marcharon muchos parisinos y la ciudad empieza a tener este ritmo tranquilo que tanto me gusta.

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