Ritos de Octubre

Tras la sorpresa de los primeros días, ahora me acostumbré a la idea que algun artesano trabaja en mi nueva casa. Total, le dejo en paz durante el día y paso cada noche para contemplar la evolución de las obras.
Pero eso transforma mi manera de pasear porque la busqueda de elementos de todas clases me lleva a descubrir lugares que ni siquiera imaginaba.

Asi es como descubrí una tienda de radiadores escondida en el patio de un muy residencial edificio del distrito IX.
Tambien descubrí una tienda de materiales de bellas artes cuyo tamaño me impresionó.
Pero lo más divertido me pasó cuando quise aprovechar las ofertas temporales del BHV, el gran almacen que se halla al lado del ayuntamiento de París.

Ese día quería comprar una barra de cortinas de 250cm y fui a la cuarta planta del almacen. Nada más presentarme el modelo que quería, el dependiente me avisó que no podía llevarla de manera vertical porque no pasaría en el escalator entre la tercera y la segunda planta.
Superé la prueba con algo de aprensión y no me atreví a meterme en el metro con este objeto improbable. Total caminé por las callecitas del Marais rumbo a la plaza de la república en donde me arriesgué a probar el autobus.
Lo más divertido fue la cara del maquinista al ver el tamaño del objeto. Pero tras pedirme cuidado, me dejo entrar en el bus. Y varios viajeros me ayudaron a instalar el objeto para que no moleste.
Al llegar,conseguí bajar sin golpear a nadie y pasé otro rato muy divertido al ver las reacciones de la gente.

Pero este fín de semana, abandoné por parte estas exploraciones para disfrutar de la fiesta de las vendimias.

Este año me acompañaban dos visitantes españoles y quise enseñarles el desfile que empieza con los «petits poulbots». Nos instalamos en una esquina muy cerca del punto de salida y así pudimos probar varios de los vinos regalados por las cofradías de catavinos…
Sobra decir que con unos chatos de vino, el desfile tiene más encantos todavía… Pero fuimos razonables 🙂

Casetas al lado del Sagrado Corazón con productos de todos las provincias de Francia, otro encuentro con el desfile en la plaza de las abadesas…
Seguimos por la zona de la Goutte d’Or en donde organizaban varias exposiciones para enseñar las obras de varios artistas que trabajan por allí.
Lugares que uno no imagina y me encantó constatar que mi visitantes apreciaban esta inmersión en un barrio que no forma parte de los clásicos circuitos turísticos.

Ahora sólo falta inventar otro recorrido para su próxima visita…

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¡Obras!

Me dejé sorprender por los artesanos que contraté para hacer obras en mi nueva vivienda.
Cuando quedamos dos semanas atrás para el día 28, pensé que pasarían para tranquilizar al cliente y arreglar los últimos detalles de las obras. Pero estos señores no tardaron tanto y en medio día ya habían acabado la modificación de tabique.
Al día siguiente, no vi a nadie y pensé que ahora empezaría el largo plazo de las obras. Total el viernes hice un viaje exprés para contemplar el río Loira.

El sábado constaté otra vez que me había equivocado: ya empezaron los pintores y el cambio me pareció realmente impresionante.
Pero tampoco quise interferir en su trabajo y aproveché el día soleado para pasar por el 104 en donde presentaban una asombrosa instalación. A ver si puedo pasar otra vez por allí y sacar una foto…

Y dediqué el resto del fin de semana a apropiarme mi futura casa y calcular varios detalles.

Ayer pasé por la zona de Les Halles y pude constatar que ya habían empezado el derribo de los pabellones… Por suerte ni tocaron a mi terraza predilecta, ni maltrataron al restaurante reservado a los carnívoros…

Hoy seguiré preparando mi traslado…
Luego os cuento 🙂

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Dos días en La Défense

París, ciudad de contrastes…
Tras un fin de semana en el parque de la Courneuve y unas jornadas anodinas, me tocaron dos días de formación en la zona de la Défense y, más precisamente, en la parte norte del gran arco.

El primer día escogí el trayecto más sencillo y más económico : pasé por la línea 1 del metro. Eso me dio la oportunidad de observar una interesante colección de espectros, envarados en los trajes emblemáticos de sus estatus, y de medir la distancia que me separa de esta gente…

Nada más llegar dediqué une rato a recorrer la gran sala que sirve de transición entre el universo de los transportes y el mundo comercial o laboral.
Constaté que tenía la misma sensación que en la sala de los enlaces de la estación Les Halles, en donde las personas se mueven de manera caótica, como las moleculas de un gas. Y tras una exploración relativamente rápida, me acerqué al gran arco.

La entrada norte del arco es un espacio moderno y relativamente frio. Me otorgaron una tarjeta de visitantes y pude acceder a la decimocuarta planta en donde organizaban la formación.

Desde esta altura, la gente en el suelo se parece a hormigas corriendo por todas partes.

El desfase perduró cuando llegó la formadora, norteamericana y muy representativa del «yes we can» de su pais de procedencia. Me impresionó la ausencia total de escrúpulos a la hora de presentar un tema que no controlaba… Por suerte el cursillo reunía sólo cuatro personas, dos mujeres, dos hombres, dos empleados del sector privado, dos del secto público, … y pudimos instalar un intercambio realmente provechoso acerca del tema planeado: la inteligencia emocional…

Tras varias horas encerrados en una sala y a pesar de la vista, relativamente interesante, me pareció imprescindible inventar un espacio de transición antes de volver a la vida normal.

El primer día, abandoné el metro en la plaza del arco del triunfo y volví a casa en autobus.
Al día siguiente caminé un rato por la explanada de La Défense antes de meterme en el mundo subterráneo del metro.
Y si me toca otra formación, controlaré que no pasa en este barrio.

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¡Fiesta!

Este fin de semana se celebraba en el parque de la Courneuve (en las afueras de París) la fiesta del diario l’Humanité.
Para el público este acontecimiento empieza el viernes en medio día y se acaba el domingo por la noche. Por 20€ uno puede asistir a varios espectáculos, visitar las numerosas exposiciones presentadas, participar a los debates políticos y, por supuesto, comer y beber en casi todas las casetas instaladas en el parque.

No recuerdo cuando fui a esta fiesta por última vez pero los azares de los encuentros me llevaron allí de nuevo e incluso participé a la preparación.

El pasado fin de semana se trataba de preparar una exposición de fotos acerca de los rótulos del barrio de la goutte d’or.
El jueves por la mañana participé a un taller de fabricación de dulces para vender en una de las casetas. Pero lo más asombroso fue el largo rato que dediqué el viernes por la mañana a la instalación de una de las casetas. Entre improvisación y chapuza, contribuí a la transformación de una zona caótica en un espacio relativamente acogedor, listo para que empiecen las visitas…

Al día siguiente, pasé de nuevo por la caseta como visitante y pude apreciar el ambiente y los dulces antes de recorrer metodicamente las demás partes de la fiesta.

Me paré un rato para escuchar unos cantantes, pasé por la gran librería, visité la exposición dedicada a la Commune de París…
Tras más de tres horas pateando, no podía más y volví a la capital.

Dentro de unos días me contarán más detalles acerca de la fiesta pero ya puedo decir que me impresionó la cantidad de visitantes (y eso que hubo lluvia) y su interés por los diferentes debates.

Volví a casa con esta imagen de multitud tranquila, con varios libros que ya llegaron a la pila esperando un rato libre y con un nuevo eslogan:

Sólo una regla de oro: primero el humano

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¡Ajetreo!

Ya es martes y no vi pasar el fín de semana.
Algunos conocidos me reclutaron para preparar una exposición y el pasado jueves fue cuando tenía cita para comprar tejido en el mercado Saint-Pierre. Algodón por un lado, plástico transparente por otro… Entre semana hay poca gente rondando por el paraíso de las modistas y el ambiente resulta realmente agradable.
El sábado compré los últimos elementos necesarios en una tienda de bricolage en donde llegué a la hora de apertura. Había poca gente y aproveché el momento para ojear detalles de decoración.

La fabricación de los carteles de la exposición empezó el sábado por la noche y se acabó el domingo casi a las doce de la noche.
Y según parece, el resultado parece muy correcto a la gente.

El próximo fin de semana intentaré sacar fotos de la exposición y colgar una en la web.
De momento tengo otros preparativos pendientes y necesito descansar.
¡Hasta pronto!

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