¡Setiembre, ya!

Según parece, ya se acabaron las vacaciones para casi todos los parisinos y tenemos de nuevo mucho tráfico y los atascos de siempre.
A pesar de todo pude seguir con mis recorridos en bici aunque a veces resulte complicado encontrar una máquina.

Y para bien empezar el mes de setiembre me tocó llevar de paseo a tres estudiantes mexicanos con la asociación de los parisinos.
Yo pensaba enseñarles el recorrido desde la Ópera rumbo a la plaza de la república pero se trataba de su primera estancia en París, sólo para dos días, así que pronto resultó evidente que lo mejor sería inventar un recorrido para ver los esenciales de París en una tarde… ¡Y eso hice!

Empezamos en la plaza de la Bastille en donde saludamos al Genio antes de seguir rumbo a la isla Saint Louis. Allí pasamos por la orilla del Sena hasta el puente que lleva a la isla de la Cité y a la catedral Notre Dame.
Tras un rato en este monumento que ya no es preciso presentar, seguimos por la orilla izquierda del Sena en donde visitamos la iglesia Saint Severin por su pilar torso y sus asombrosas vidrieras.
Luego pasamos por el barrio latino antes de volver al rio y de cruzarlo por la pasarela de las artes, rumbo al patio cuadrado del Louvre. Y eso nos llevó al patio de la pirámide.
Mis visitantes todavía tenían energía e incluso entramos en la parte subterránea del Carroussel du Louvre para ver la pirámide invertida…
Pero tras cruzar el jardín de las Tulerías, admirar el obelisco de la plaza de la concordia, recorrer la parte baja de los Campos Eliseos, echar un vistazo al arco del triunfo, pasar entre el Gran y el Pequeño palacios para llegar al puente Alejandro III, noté que empezaban a cansarse.
Y eso que sólo faltaba un kilómetro para llegar al pie de la Torre Eiffel, admirando de paso la fachada vegetal del museo del Quai Branly…
Pero superaron la prueba.
Y tras un ratito tumbados en el césped del Campo de Marte, fueron capaces de caminar hacia la parada del autobus que nos llevó a Montmartre.
Sagrado corazón, plaza de los pintores, Torre Eiffel iluminada e incluso centelleante…
¡Cinco horas para ver los esenciales caminando!

Yo constaté de paso que la cantidad de candados en la pasarela de las artes sigue impresionante. También noté que esa mania se extiende y que incluso le regalaron un moño muy curioso a la ninfa del puente Alejandro III.

Pero creo que lo que más me gustó fue contemplar la ciudad en los ojos de mis tres visitantes y pillar la sorpresa y la admiración cuando descubrían alguno de los esenciales parisinos.
Acabaron agotados e imagino que ahora se lo pensarán antes de anunciar que les gusta caminar 😀

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Sincretismo parisino…

Esta mañana tocaron las campanas de una de las iglesias del vecindario.
Eso me vino bien porque su música acabó de despertarme y así es como pude llegar a tiempo para contemplar el desfile de la fiesta de Ganesh en el barrio indio.
El carro se paró justo al lado de mi punto de observación e incluso me regalaron un trocito de coco.
Pero había demasiada gente para sacar algunas fotos. Total, tras un paseo por las calles indias, caminé rumbo al norte por la calle Marx Dormoy.

Alli es donde encontré varias tiendas de mayoristas de productos norteafricanos que estaban abiertas y proponían todos los ingredientes necesarios para preparar los pastelitos del Ramadán.

Unas cuadras más allá, visité el mercado de l’Olive.
Entre varios comerciantes chinos, encontré a un italiano a quien compré quesos franceses.
Entonces organicé una degustación de estos quesos con vino de Porto en la casa de un amigo bretón cuyo balcón se halla en el recorrido del desfile de los indios. Y allí viene una de las fotos.


Y tras esta tremenda mezcla de identidades culturales, dediqué el resto del día a descansar para prepararme a la vuelta de los demás parisinos…

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Agosto se agota

Ya se acabaron las vacaciones para muchos parisinos.
Yo lo noto desde mis recorridos matutinos por el tráfico que aumenta en la calle y también por la cantidad de camiones estacionados al azar para entregar sus mercancías.
Pero el ambiente en las calles y los bulevares sigue agradable y con gusto lo aproveché para hacer unos recorridos extras en velib.
En varias ocasiones tuve malas sorpresas con algunas bicis cuyo manillar tenía un juego y complicaba el equilibrio. Pero superé la prueba 🙂

Lo bueno de estos días es que uno todavía puede encontrar una mesa en terraza sin reservar y yo aproveché esta tranquilidad para probar varios sitios con varios amigos.

Pero el sábado anunciaban 600 kilómetros de atasco y queda claro que coincide con una nueva oleada de vueltas.
Yo visité un almacén de bricolage y noté una frecuentación bastante alta, como si la gente estuviera preparando la vuelta ya…

Hoy visité de nuevo la instalación de París playa en la dársena de la Villette. Es el último día de la temporada y mañana empezarán a desmontarlo todo. Pero hoy pasé sobre las 11 y pude apreciar el ambiente muy tranquilo de las mañanas, a pesar del calor y del cansancio.

Y mientras tanto se acaba la tercera semana del ramadán.

En varios lugares se juntan grupitos para compartir bebidas y comidas al anochecer. Y al día siguiente basta con contar las botellas abandonadas debajo de los bancos para imaginar el programa de la noche.

Por suerte, de momento, este mes de agosto no fue de mucho calor. Pero ya llevamos dos días seguidos con más de 30 grados y como se suma a un cansancio general, se notan varias tensiones…

Yo sigo sin probar los pastelitos orientales pero encontré unas ofertas increíbles y empecé a reunir los ingredientes para preparar unos con una amiga.
Pero ahora toca descansar un rato antes de enfrentar otra semana.

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La semana que prefiero…

Este año no pude tomar unos días de vacaciones para disfrutar a tope de la semana que prefiero. Entonces para compensar intenté aprovechar mi abono de velib.

Aprecio cada día más mi recorrido matutino. Son 40 minutos por una ciudad que todavía no despertó y hay buen rollo con la gente que cruzo entre mi salida (+/- 7h15) y mi llegada (+/- 8h00).
Cada mañana cruzo un vehículo de limpieza de las aceras y en función de nuestro sitio de encuentro en el bulevar sé si voy con atraso o no.
Por cierto, a veces no veo bien los semáforos y las direcciones prohibidas. E incluso me atraparon unos policías. Pero de momento no me pusieron multa…
También experimenté el trayecto para volver a casa y constaté que a pesar de ir cuesta arriba, entra en los 45 minutos del abono.
Y hoy surgió la idea del día : dejar que el aparcacoches se las arregle con el velib mientras tomas una copa…

En realidad el acontecimiento mayor de la semana fue mi mudanza profesional. Si mi despacho queda invadido por varias decenas de cajas, ya instalé los pósteres y eso cambia las sensaciones en un plis plas.
También pude contemplar la vista desde el tejado del edificio, cuyo acceso es obviamente totalmente prohibido, y resulta muy interesante.
A ver si consigo algunas fotos…

Y mientras tanto sigue el Ramadán y el encanto de las tiendas que venden los productos que acompañan la rotura del ayuno.
Si de momento resistí a los pastelitos, quise comprar agua de azahar y visité una de las tiendas orientales del barrio. Allí me atendieron con mucha gentileza e incluso me regalaron consejos para escoger el producto y usarlo bien. Y por supuesto allí también noté una tremenda cantidad de productos que tendré que probar un día…

Hoy, día festivo, pensaba despertar en una ciudad descansando y constaté con horror que una gran cantidad de comercios estaban abiertos: se merman cada día más los derechos de los trabajadores 🙁

Yo pasé el día en la instalación de París playa en la orilla del Sena.

Constaté con alegría que en una de las casetas, proponían una ración de patatas fritas con salchichas por 4 euros, y pensé con gratitud a este humilde chupatintas que puso la cláusula adecuada para imponer eso a los que competían para ocupar la caseta.
A veces hay cosas buenas en esta ciudad :-)))
Y tras caminar horas y horas, constaté que París playa cumple con el proyecto inicial: proporcionar a los ciudadanos de a pie que no se van de vacaciones, un espacio en donde disfrutar del sol y divertirse gratis.

No sé si son muchos los que volvieron de vacaciones. Sólo espero que el tráfico quede bastante reducido para que pueda seguir con mis recorridos matutinos. Luego os cuento.

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Agosto con lluvia

Tras unos días agradables volvimos a la lluvia y a este cielo gris muy pesado. Si todavía queda posible pasear, es preciso bien escoger el momento y convocar la suerte para librarse de los chaparrones.
Total renuncié dos veces a mi largo recorrido matutino en bici pero la preparación de la mudanza de la oficina me regaló otra oportunidad de hacer deporte.

No se tratará de una revolución ya que el traslado a penas alcanza los 300 metros. Pero pasamos de un viejo edificio de los años 60 a una construcción nueva, supuestamente de Alta Calidad Medioambiental y eso provoca un montón de aprensiones.

Yo lo veo con cierto pragmatismo.
Si el edificio nuevo es realmente optimizado tal como lo pretenden, habrán calculado la potencia eléctrica para el equipo normal de un oficinista. Y creo que tendremos un apagón general en cuanto enchufemos todos los aparatos de bienestar como cafeteras, hervidores, neveras o microondas…obviamente viejos y suboptimales…

De momento tiré el póster que decoraba mi despacho porque parecía realmente sucio y salí en busca de imágenes nuevas.
Mi primer recorrido me llevó a la librería del centro Pompidou en donde encontré una selección globalmente interesante pero bastante reducida para un sitio como éste.
Al día siguiente visité la librería del museo de arte moderno y la selección se limitaba a una treintena de imágenes.
Al final no encontré el póster de Kandinsky que buscaba pero volví con uno de Delaunay, otro de Esteve y el poema Libertad de Eluard con dibujos de Léger. Normalmente con todo esto seguro que le doy algo de chispa a mi nuevo despacho.

Lo bueno de esta busqueda es que me dio la oportunidad de aprovechar esta mañana soleada para tomar un café en la terraza del museo de arte moderno…

Y eso compensó los chaparrones que enfrenté estos últimos días al guiar a varios amigos parisinos por el barrio de la Goutte d’Or. En esta zona de París son muchos los que cumplen el ayuno de Ramadán y para ellos este tiempo fresquito resulta una bendición.

Mañana empieza la semana más tranquila del año, con más parisinos de vacaciones fuera de la capital.
A ver si consigo probar algunos de los pastelitos de la rotura del ayuno 😉

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