Julio con cara de verano

El tema de cambiar de casa ya se arregló. Me libré de casi todos los trámites y planeo la mudanza a mitad de octubre. Eso deja tiempo para calcular la nueva instalación y visitar tiendas de muebles y de decoración…

Eso hice el pasado martes y exploré metódicamente todos los rincones de un almacén de la calle de Lagny que propone muebles de segunda mano. Confieso que me despistaron los precios que vi en los diferentes objetos y más aun teniendo la posibilidad de compararlos. Algunos muebles muy ordinarios llegaban a precios muy altos mientras para otros, realmente de buena fabricación, pedían precios más baratos. Tras varias vueltas llegué a la conclusión que en esta tienda los precios reflejan más el tiempo necesario para encontrar un cliente que el valor del objeto: cuanto más demanda, cuanto más alto el precio. Ahora entiendo porque algunos anticuarios pasan por aquí de vez en cuando…

También visité la tienda que la asociación Emaús instaló en el 104. En este lugar todo parece muy barato y resulta muy difícil resistir a la tentación.

Y siguiendo en este tema, también descubrí otro almacén de muebles de segunda mano cerca de la dársena de la villette.
Pero si encontré varias ideas para mi futura instalación, de momento no compré nada.

Esta semana también quise comprobar si mi nuevo abono de velib me permitía hacer el recorrido entre mi casa y mi oficina. Si tardé 45 minutos la primera vez (o sea justo justito dentro del abono), sólo necesité 40 minutos al día siguiente y sé que todavía puedo mejorar el itinerario.
Lo bueno es que cuando llegas a la oficina tras este paseo, te sientes en plena forma. Otro cantar sería volver a casa tras una dura jornada laboral y de momento no lo intenté…

Y para descansar de tantas idas y vueltas y disfrutar de la aparición del sol mientras anunciaban 650 kilómetros de atascos en el territorio galo, me fui al parque de la Villette en donde me tumbé sobre la hierba para sestear.

¿Mola la vista no ?

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Julio a medias tintas

El tiempo de este mes de Julio resulta estupendo para los que siguen trabajando. Entre semana tenemos un cielo gris y lluvia casi todos los días, así que no molesta el hecho de no estar de vacaciones. Y el viernes por la noche el tiempo mejora e incluso regala varios momentos soleados el sábado o el domingo.
Y para los turistas también resultara interesante este tiempo que regala unos contrastes llamativos entre los grises parisinos y momentos más luminosos.

Yo guardé el paraguas el viernes sobre las 20. Y al caminar por la calle de la Roquette constaté que no quedaba ni una silla en las terrazas de cafés.
Al día siguiente conseguí hacer mi viaje en bici entre dos chaparrones. Pero por la tarde el tiempo mejoró y pude disfrutar de un agradable paseo al lado del canal Saint Martin.

Los «bobos» que frecuentan esta zona ya se marcharon de vacaciones y casi no había gente en la orilla del canal. Alrededor del quiosco de música del bulevar Jules Ferry, sólo había una treintena de personas escuchando al grupo de rock que interpretaba temas de los años 1970-1980.
Más arriba el espacio dedicado al skateboard quedaba casi abandonado y así es como pude encontrar este cartel con eslogan de otro mundo…

Aproveché esta tranquilidad para visitar los restaurantes indios de la calle Louis Blanc y seguir rumbo al Sagrado Corazón en donde encontré una gran cantidad de turistas.

Hoy tocaba enseñar el 104 a un amigo. En una de las naves, una tela de CD ROMS tapizaba unos volúmenes evocando colinas y valles. En la otra un laberinto de cartón defendía el acceso a un espejo reflejando las nubes… ¡Qué cosas!

A unas cuadras, la instalación de París Playa en la zona de la Villette ya estaba lista y había un montón de gente paseando al lado de la dársena.
Al lado de la rotonda de la Villette, debajo de los soportales que los sin domicilio utilizaban para abrigarse, instalaron un café bastante sencillo, y allí es donde pasé un agradable momento, contemplando el movimiento…

Mañana vuelvo a trabajar y anuncian llovizna por la mañana.
A veces el mundo está bien hecho :-)))))

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¡Fiesta Nacional!

Me despistaron las últimas previsiones meteorológicas.
El lunes, en teoría, se trataba del día de mucho calor de la semana. En realidad tuvimos un día agradable con una temperatura razonable.
El martes se esperaban chaparrones pero yo no vi ni una gotita de lluvia. (Dicen algunos que mi distracción se vuelve cada día más importante…)
Total dejé de mirar las previsiones y el miércoles casi tuve frío.

Pero eso no duró mucho por que a las 20 una batucada puso el ritmo de un desfile que empezó al lado del ayuntamiento del distrito 18 y se acabó hora y media después en los jardines de Eolo. Allí es donde instalaron un espacio para el tradicional baile de la Fiesta Nacional.
Una carpa para la música, otra para las bebidas y la tercera para la comida… De alguna forma reinventaron una plaza de pueblo en medio de París.

Tras un ratito allí aproveché la magia del velib para trasladarme hacia la plaza de las Abadesas en donde los estudiantes comunistas organizaban otra fiesta. Me alegró la idea que los comunistas se apoderaban del espacio de las abadesas, repitiendo esta oposición de varios siglos que se nota casi en cada esquina de la colina de Montmartre.

Lo cierto es que había muy poca gente en las calles de la colina y resultó un placer pasear por allí.

Al día siguiente celebré la Fiesta Nacional como lo recomienda Brassens: “yo me quedé en la cama igual”. Pero por la tarde pasé en bici por las calles del Marais y me desesperó constatar que los efectos de la ley acerca del trabajo del domingo se extendían a los días festivos. En esta zona obviamente turística, todos los comercios estaban abiertos. Y no creo que los dependientes consiguieron gratificaciones…

Por suerte formaba parte de estos privilegiados que tenían puente y aproveché un viernes soleado para pasear otra vez por las calles del marais pero esta vez caminando. Se nota que ya llegaron los turistas, que todavía no se marcharon los parisinos y que no se acabó el periodo de las rebajas.
De paso encontré la tienda de un “mejor obrero de Francia” a lado del metro Saint Paul y quise probar su producción. La verdad es que los pastelitos que compré eran riquísimos y aunque no formen parte de las especialidades que prefiero, la casa merece una visita. Así que aquí os dejo la dirección: Maison Larnicol, 14 rue de Rivoli, 75004 Paris
Sobra decir que tras probar estos pastelitos, también toca multiplicar los paseos en bici…

El sábado fue cuando muchos parisinos se marcharon de la capital y constaté con alegría que ahora encuentro una mesa sin problemas en varias terrazas que aprecio mucho…
Hoy el tiempo no daba para controlarlas metodicamente pero dentro de unos días seguro que os cuento más.

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El tiempo vuela

Acabo de instalarme en la butaca que se halla en mi balcón, totalmente tapada por las hojas de los árboles. Las gatas ronronean a mi lado y constato una vez más que mañana empieza otra semana y que no vi pasar la que se acaba…

Todo empezó hablando con los habitantes de mi barrio. Si la exposición de Martin Parr acerca de La Goutte d’Or fue todo un éxito, también existen otras maneras de mirar este barrio y el lunes por la noche fue cuando descubrí una más.
Se trata de la mirada de una lingüista que se interesó a los letreros de los comercios y apuntó varias asociaciones llamativas de palabras.
Así existe una tienda de «venta de todos productos y otros de todas clases«.
Lo cierto es que este texto pica la imaginación. Y puesto a mirar los letreros, uno descubre que son muchos los que traspasan las fronteras del idioma e invitan a un viaje inmóvil.

El martes aproveché un anochecer agradable para cenar en una terraza del distrito 11. El miércoles probé un restaurante japonés del distrito 3. Ambos sitios estaban a tope de gente, lo cual demuestra que queda gente que se salva de la crisis…

Esta sensación fue confirmada cuando salí del metro en la zona de Les Halles, el sábado por la tarde. A pesar de las obras, había gente por todas partes, buscando gangas entre las rebajas.
Me anunciaron que el espejo que había pedido un mes atrás todavía estaba en España así que seguí caminando y constaté con tristeza que la vieja pastelería judía askenazí de la calle de los rosales había desaparecido y que en su lugar había una tienda de prendas bautizada «le temps des cerises». ¿Pero quién conoce todavía esta vieja canción y sus conexiones revolucionarias?

Total fui a visitar la brocante del día en donde un amigo mio encontró un crucifijo en una caja de «todo por 5 euros» y quiso salvar al Cristo…

Yo me conformé con mirar las cosas, buscando ideas mientras espero la hora de cambiar de piso.

Mañana empieza una semana corta y cambié mi abono de velib para alargar las sesiones de bici a 45 minutos. A ver si consigo meterme en algún recorrido interesante.

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Nerviosismos….

Lo que más me llamó la atención en los últimos días fue el nerviosismo que constaté en muchas circunstancias.

Luna nueva, cansancio normal de los fines de trimestre, ansias de vacaciones… no sé cual fue la causa de los comportamientos que me asombraron pero lo cierto es que noté una cantidad importante de reacciones incomprensibles.

Creo que todo empezó con los dos días de mucho calor del principio de la semana (más de 30 grados). Aplastaron a los parisinos y son muchos los niños que usaron las fuentes de la capital para refrescarse. Confieso que me costó soportar el viaje en metro pero sobreviví.

El miércoles, ya volvimos a una temperatura más razonable pero todavía había cansacio y se notaban unas asombrosas reacciones epidérmicas. Yo aproveché este cambio para descansar un poco. Y al día siguiente pude descubrir un pequeño restaurante italiano muy presentable.

El sábado fue cuando tuve que hacer un viaje de ida y vuelta a 200kms de París. Cuando organicé eso, no pensé que se trataba del primer fin de semana de junio y entonces de las primeras salidas de vacaciones. Pero se me fue la distracción al llegar a la estación de Bercy: ¡Que de gente!
Faltó poco para que no tenga asiento en mi tren pero la suerte no dejó de acompañarme.

Al volver a París, el sábado por la noche, no se notaba la agitación de siempre. Lo cual demuestra que ya se marcharon muchos estudiantes y algunos parisinos.

Y ahora empiezan estas semanas que tanto aprecio…

Hoy en la colina de Montmartre, se notaba la llegada de los grupos de turistas del verano. El que más me divertió fue este grupo de mozas aglutinadas encima de una reja de ventilación del metro, justo al lado del Molino Rojo, para refrescarse.

Me costó encontrar una bici disponible pero lo conseguí y experimenté una vez más esta transformación de las distancias parisinas que provoca el velib…

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