Como lo imaginaba, cada día quedaba menos gente en la oficina y entre los escasos presentes, el tema de las compras y de los preparativos pendientes surgió en varias ocasiones.
Por suerte no tenía que enfrentar la pesadilla de ir de tiendas para encontrar algún regalo que no interesa a nadie. Pero al caminar por las calles parisinas algo capté del espíritu navideño.
Las publicidades omnipresentes me enseñaron el regalo comunicante del momento. Las tiendas de comida me recordaron que navidad también es un momento tremendo para cualquier dieta y noté en varios sitios algunos mercadillos navideños cuyas casitas me parecieron bastante anódinas.
Esta semana pasé una noche celebrando los diez años de existencia de mi club de jazz preferido. Un pianista buscando armonías, un contrabajista resplandeciente y un batería algo despistado me regalaron un excelente momento, ideal para cargar las pilas antes de enfrentar las fiestas.
Y fue todo un acierto porque el plan de Nochebuena surgió el jueves por la tarde así que no hubo más remedio que improvisar y disfrutar los regalos de la suerte.
En la carnicería requete decorada para celebrar navidad, tuve la sensación que las tres personas de la tienda no lo pasaban bien juntas.
En la pastelería conseguí unos pasteles de navidad muy apetitosos.
En la bodega de la esquina encontré una maravilla y no quise mirar el precio.
Puse mi traje de maga, abracadabri, abracadabra, para inventar una cena de Nochebuena presentable y creo que lo conseguí.
La meteo regaló la nieve, papá noel puso el sol de invierno y así es como pude sacar esta foto de París con nieve que quería Tamara 🙂

Mañana vuelvo al trabajo pero creo que el ritmo me dejara energía para alguno de estos recorridos que tanto me gustan.
Lo normal sería calcular el balance del año y rellenar la hoja de las buenas intenciones pero todavía queda tiempo…
¡Feliz año nuevo!

