¡Lo prometido es deuda!

Tras visitar la exposición que presenta el proyecto de transformación, dar vueltas y vueltas por la zona a cualquier hora y observar como va el tema, aquí vienen algunas aclaraciones sobre mi percepción de las grandes obras planeadas para el foro des Halles.

Si tuviera que presentar la forma actual del sitio en tres palabras, diría que es el típico producto de los años 70 con tuneles para los coches, aparcamientos, centro comercial estructurado alrededor de una plaza rodeada de vidrieras, calles peatonales… y el ineludible espacio ajardinado porque los parisinos necesitan zonas verdes.
Y desde el principio, este universo fue muy bien comunicado por los transportes colectivos.

Pero sus promotores no imaginaban los efectos del desarollo de las líneas de la red exprés regional sobre la frecuentación de este espacio: a partir de los años 90s, estas líneas comunicaron zonas relativamente desfavorecidas con el centro de la capital y asi es como empezaron los problemas.

Estos visitantes que vienen de las afueras no tienen un poder adquisitivo suficiente para frecuentar las tiendas del foro como clientes. Pero tampoco tienen un capital cultural suficiente para aprovechar las diferentas ofertas de actividades del Municipio de París. Entonces se reunen grupitos por allí y por allá, con lenguaje y códigos propios, desconocidos de los feligreses esperados en el foro.

Y esta yuxtaposición sin comprensión provoca lo de siempre: miedo o por lo menos aprensión y rechazo. Y ahora son muchos los parisinos que evitan esta zona porque no se sienten a gusto.

Entre los elementos mencionados como causas de malestar en este espacio surgieron varias cosas.
Para empezar son muchas las personas que viven mal la ausencia de luz natural en algunas partes de la zona comercial.
Luego el esquema actual del jardín no proporciona una buena comprensión del entorno inmediato y en una zona que tiene mala fama, es una pesadilla extra.

El nuevo proyecto propone respuestas para estos problemas.
Desaparecerían las estructuras en forma de paraguas, se instalaría una gran capa transparente encima de la plaza baja para proteger la zona comercial y crear una continuidad entre el interior y el exterior del foro, se transformaría el jardín en algo parecido a un gran césped…

Pero no conlleva soluciones para el problema sociológico de siempre : ¡vivir juntos!

Lo cierto es que las obras tardarán media docena de años.
Si mientras tanto se resuelve el problema del paro y de la pobreza económica y cultural, si se generaliza la tolerancia y la apertura hacia la alteridad, seguro que este proyecto de transformación resultará un gran éxito.

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¡18 kilómetros!

Esta semana tocaba el segundo episodio de la protesta contra la reforma de las pensiones de jubilados.
Como en la oficina ya volvieron todos los expertos que estaban de vacaciones, pude adoptar un ritmo más decente y decidí que esta semana a mi me tocaría apuntarme entre los huelguistas y participar a la manifestación.
Así que el jueves por la mañana me metí en un largo recorrido que duró todo el día.

Para empezar caminé desde Montmartre hasta el Pere Lachaise para encontrarme con mis cómplices. Lo bueno de los días de huelga y de manifestación es que mucha gente renuncia a tomar el coche para ir a París y eso da un toque muy agradable a las calles parisinas.

Tras almorzar en una de las cantinas de la zona, seguimos hacia Bastille, punto de salida de la manifestación.

¡Que de gente en la plaza!

Tuvimos que dar une vuelta completa para encontrar el principio del cortejo. Luego pasamos un rato escudriñando los grupos, evaluando si podríamos desfilar con tal o cual sin sentir un tremendo malestar ideológico 🙂
Mi amiga quería desfilar con el sindicato cercano al partido comunista. Yo tenía ganas de desfilar con los anarquistas. Al final seguimos un grupo bastante tranquilo del sindicato cernado al partido socialista…

Pasar por un bulevar Saint Germain totalmente peatonal fue un auténtico placer. Luego el recorrido giró hacia la izquierda para subir la leve inclinación del bulevar Saint Michel. Desde la parte superior, justo antes de llegar al jardín del Luxemburgo, se veían de maravilla los grupos sucesivos.

Llegada a este punto, sólo quedaban 2 kilómetros antes de llegar al final del recorrido y de enfrentar los ineludibles problemas de dispersión. Total renunciamos a llegar el final y volvimos a contracorriente hacia la plaza de la Bastille.

Eso nos dio la oportunidad de contemplar a los diferentes grupos, de constatar una participación importante de mujeres y de jóvenes, de admirar la creatividad de algunos esloganes y de constatar que faltaban los grupos del sindicato rojo…

Todo se aclaró cuando llegamos a Bastille y descrubrimos que habían organizados dos recorridos diferentes para evitar que la gente se canse de esperar el momento de desfilar. Los rojos pasaron por un lado y los rosos por otro…

Si esta manifestación no fue la más impresionante de todas las que pude ver en París, reunía bastante gente y la batalla de cifras que salió en las noticias me pareció realmente ridícula.
Yo llegué a casa tras un largo recorrido de 18 kilómetros, cansada pero contenta :-)))

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la última semana del verano…

Aunque lleve un ritmo demasiado alto en el trabajo, consigo encontrar momentos para disfrutar de mi querida ciudad. Y cuanto más alto el ritmo, cuanto más momentos 🙂

Todo empezó el miércoles en medio día, en una tranquila terraza justo al lado del Père Lachaise, en donde proponen un menú del día por una decena de euros. Eso te quita cualquier bajón…

Al día siguiente hice caminando el largo recorrido desde mi colina preferida hacia mi trabajo. Las luces de la mañana tenían este toque de amarillo que me gusta tanto. Y por la noche di la vuelta de la colina de Montmartre con un amigo en busca de alguna terraza en donde tomar una copa. Tras probar el muy concurrido (y muy ruidoso) hotel Amour y su patio interior, decidimos pararnos en la tranquila calle de Dunkerque.

El viernes ya hacía frio por la noche y tras tomar un vaso de Cahors, ya estábamos casi congelados.

Por suerte el tiempo se volvió muy suave el sábado y pudimos disfrutar un agradable fín de semana soleado.
Como además tocaban los días del patrimonio, había una cantidad increíble de gente en las calles.

El sábado caminamos desde el Père Lachaise rumbo al Centro Pompidou, explorando las tiendas del Faubourg Saint Antoine sin convicción, atravesando la plaza de la Bastille para perdernos por el Marais en donde organizaban visitas en un montón de palacetes.
Pero había demasiada gente para que aprovechemos estas invitaciones.

El domingo me llevó otra vez a la plaza de la Bastille.
Poco tráfico, mucho sol y unas terrazas de café requete concurridas…
Y el placer de percibir una ciudad todavía veraneando mientras se preparan nuevas huelgas y nuevas manifestaciones….

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Huelga y jazz…

Esta semana tocó la primera huelga de la vuelta.
Basicamente el gobierno quiere aplazar el momento para jubilarse y aumentar el tiempo de cotización para conseguir una pensión completa. Y, por supuesto, los trabajadores protestan.

Ese día, en la estación de autobus, había más gente que los otros días y se armaron varias conversaciones…

Una anciana, cerca de jubilarse, explicaba a una trenteañera la amplitud del problema. Por lo menos intentaba explicarselo porque la joven no parecía muy receptiva.
Para ésta, el tema era ir y venir eficazmente entre su casa y su trabajo para controlar los deberes escolares de su hija, que ya llega al nivel en el que empiezan con las ecuaciones, y la madre flipaba porque no sabía si tendría el nivel suficiente para ayudar a su hija…
Por lo menos eso me contó la doña por una razón que no entiendo bien pero hay días así y lo normal es adaptarse…
Tuvimos que esperar el autobus casi media hora y finalmente todas estas tonterías acortaron la espera.

En la oficina, sólo había la mitad de la gente y entre los ausentes, contamos tres huelguistas y diez personas de vacaciones. Lo bueno de los días de huelga es que no hay mucha gente, nadie te molesta y eso deja tiempo para hacer un montón de cosas.

Al salir de la oficina, me metí en un largo recorrido para llegar a la Villette en donde tocaban Chucho Valdés y sus músicos con el saxofonista Archie Shep.
Este encuentro asombroso formaba parte del festival de jazz de la villette y fueron casi tres horas de música, con momentos inegales pero siempre salvados por la inverosímil fluidez de Chucho.

El resto de la semana fue una pesadilla de demasiado trabajo con largas caminatas algo sonámbulas para controlar el estrés.

El viernes al anochecer, se notaba que el ramadán ya se había acabado ya que la gente ya no esperaba la noche para comer o tomar una copa.
El sábado, con el rayo de sol y el tiempo verdaderamente veraniego, los parisinos volvieron a salir de compras y a invadir las terrazas de los cafes. Había mucha gente paseando por la calle Daguerre, la calle de Rennes o el bulevar Saint Michel. Y si no compré nada fue esencialmente porque en la tienda que visité la dependiente no daba abasto…

A ver cuanto tiempo aguanto sin comprar trapos o zapatos o complementos o… lo que sea…

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¡Ya llegó la vuelta!

Para empezar volví a mi sala de concierto preferida y constaté con alegría que ya habían renunciado a la tontería de programar un primer concierto a las 19h y el siguiente a las 21h30. Esa noche tocaba el pianista Giovanni Mirabassi con el fantástico contrabajista Gianluca Renzi. Y no faltaba el cómplice adecuado para compartir este momento muy agradable.

Esa misma semana también participé a una fiesta organizada a partir de un servidor que permite que unos propongan actividades de todas clases para que otros participen. Así es como compartí una noche bastante divertida con personas muy diferentes de las que suelo encontrar. Y como una prueba no da para hacerse una idea, me apunté para otro acontecimiento…

Y el domingo pasé un rato en medio de la fiesta que los indios organizan para celebrar el dios Ganesh.

Llevaba siglos sin pasar por esta fiesta ya que estos últimos años ya estaba perdida entre los montes. Entonces resultó bastante interesante comparar el recuerdo que tenía y la forma actual de la fiesta.
Este año se trataba de la decimoquinta edición pero yo conozco esta fiesta casi desde su creación y si comparo con las ediciones anteriores, pocas cosas cambiaron y las fotos de 2002 siguen de actualidad.
Pero también noté algunos detalles diferentes.
Primero no había tanta gente como antes. Pero sospecho que eso se explica por la fecha ya que no hay tanta gente a finales de agosto como al principio de setiembre.
Luego me llamó la atención la presencia de la publicidad. Si no llegaba a insoportable, despistaba constatar la presencia ruidosa de una compañía de telefonía móvil.
Al final no pasé tanto tiempo siguiendo el cortejo como en 2002 así que igual me perdí algún momento especial. Pero según lo que me contaron otros amigos, no lo creo 🙂

Tras este último momento vacacional, la semana que se acaba demostró que ya volvieron los parisinos. Desde el lunes no paran las solicitaciones laborales y ayer, para bien empezar las cosas, tuvimos nuestra primera manifestación de vuelta.
Confieso que los bulevares sin tráfico automóvil y con un rayo de sol resultaban muy agradables. Además había buen rollo en el desfile.

A ver lo que ocurre el martes con la huelga anunciada…

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