Rápido…

Nada peor que las semanas de vacaciones : uno pierde el tiempo con método y al final no llega a la mitad de lo que planeaba.

Todo empezó el pasado sábado con esta historia de invernaderos. Si la cola del sábado me llevó a renunciar, quisé probar de nuevo entre semana y así es como pude descubrir unos espacios que realmente merecen la pena.
Por cierto, de momento, con la publicidad que hicieron por la reapertura, todavía son muchos los visitantes y en algunos sitios fastidia la cantidad de gente. Pero será cuestión de unas semanas.

El mismo día quise visitar el espacio de información que instalaron en el Foro de Les Halles para presentar el nuevo proyecto y contestar a la pregunta que me dejó giralquivir. Desgraciadamente, el espacio estaba cerrado y tendré que probar otra vez.

Total aproveché una tarde soleada para explorar otra vez la orilla del Sena y aquí os dejo una imagen del ambiente que constaté:

Luego esta semana se desvaneció casi sin que me entere y hoy toca madrugar para marcharme unos días.

¡Cuento con vosotros para cuidar mi ciudad preferida!

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Momentos

Esta semana me regaló una sucesión de momentos agradables.

El martes, a pesar de la lluvia, pasé un ratito en una terraza cubierta de la plaza de la nación antes de visitar de nuevo un pequeño restaurante que se halla en la discreta calle Jaucourt. El carpe diem propone una cocina de buena calidad por un precio razonable y dispone en la acera de una terraza muy agradable cuando no llueve.

El miércoles tocaba tomar una copa sobre las 22h y tras errar un rato por la zona de chatelet, escogimos una terraza en la plaza de los inocentes.
Si la fuente conserva su encanto en cualquier momento del día, la plaza se vuelve realmente agradable al anochecer. Las idas y vueltas de los peatones se acaban cuando cierran los comercios y solo queda un plaza tranquila, a salvo del tráfico automóvil. Y si ademas toca una charla interesante, uno no puede pasarlo mal.

El sábado, quise aprovechar un día soleado para visitar los invernaderos del jardín de las plantas recien restaurados. Desgraciadamente hicieron mucha publicidad acerca de la reapertura y la longitud de la cola me desanimó.
Pero el jardín de las plantas cuenta con varios puntos de interés y pasé un gran rato en la rosaleda, escudriñando cada variedad sin ser capaz de designar mi preferida.
Tras una parada en una heladería, pude visitar el monumento dedicado a los deportados que se halla en el extrema Este de la isla de la Cité.
El sitio, muy sobrio, resulta impresionante e invita al recogimiento.
Y como siempre tengo suerte la guardia, desocupada, me regaló un par de aclaraciones que me ayudaron a apreciar la belleza de los símbolos.

Luego era preciso compensar el helado y no hubo más remedio que volver caminando rumbo a la colina de montmartre.

Y para bien empezar la semana, aqui os dejo la foto de una de las rosas que más me gustaron.

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Dolce vita a la parisina

Esta semana quise probar la dolce vita a la parisina e hice un picnic al lado del canal Saint-Martin.

Tras preparar las provisiones, el primer problema fue encontrar un sitio en donde instalarme. A las 19h30 la orilla izquierda , todavía soleada, ya estaba a tope de gente. La orilla derecha parecía más tranquila pero finalmente me paré en el centro de una pasarela por donde no pasa mucha gente ya que está justo al lado de un puente y que, puesto a cruzar el canal, mejor hacerlo sin escaleras.

Al rato tenía un grupo a mano izquierda, otro a mano derecha, y resultaba casi imposible marcharse sin pisar el espacio de los vecinos. Por suerte el cómplice del día no tenía prisa y pasamos un ratito comparando las elecciones alimenticias de cada grupito.

Yo privilegié la sencillez: jamón, queso, pan, tomates, nectarinas, clementinas, manzanas y whisky. (admito que lo del whisky puede despistar pero si preciso que se trataba de Caol Ila, supongo que resultará más comprensible)
Las de mano izquierda, solo chicas, llevaban un surtido asombroso con patatas fritas, gofres de chocolate, coca light y vodka. Eso no daba para mucho y poco despues de las 22, se marcharon.
A mano derecha parecía más normalito con problemas tan complicados como lavar los tomates con agua mineral y debates relativamente variados.

La verdad es que pasamos un momento muy agradable y si no fuera por el programa del día siguiente, con gusto hubieramos acabado la botella.

El sábado fue otro cantar ya que tocaba conmemorar la Comuna de París al pie de la pared de los federados, en el cementerio del Père Lachaise.
Ya asistí a esta celebración un par de veces pero este año destacaba la presencia de una importante delegación española y de algunos ancianos de las brigadas internacionales. Si no cantaron todas las coplas de la Internacional, se escucharon trocitos de «¡Ay, Carmela!» o de «Bella ciao» antes de recorrer una parte del cementerio para pasar por las tumbas de varios camaradas.
Lo más conmovedor fue la emoción de estos ancianos desde sus sillas de ruedas a la hora de recogerse delante de algunas tumbas.
Quedaba claro que para ellos, el recuerdo siempre está presente.

Yo me marché de puntillas pero con la idea que mientras queda gente así podemos esperar que mejoren las cosas.

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A solas con el duende…

Esta semana amanecí rebelde, con la sonrisa guasona puesta y la chispa traviesa activada.

La primera que lo notó fue mi profe de gimnasia mientras interpretaba libremente el ejercicio que acababa de explicar. Como me preguntaba qué estaba haciendo, el duende que llevo dentro le contestó que estábamos midiendo el instinto del juego entre los microbios. Sobra decir que la chica renunció a encauzarme con un soberano «¡Estás en plena forma!».

El duende reapareció cuando me instalé en la terraza de café de la pequeña plaza semicircular que se halla en la puerta del teatro del Odeon. Esta noche tocaba el primer concierto del festival de jazz de Saint Germain des Prés y la llegada de los espectadores era en sí todo un espectáculo. El duende me enseñó gente más o menos disfrazada para el acontecimiento, algunas mujeres coquetas colgando del brazo de hombres con carteras, … se veía de todo y en las mesas de los alrededores se escuchaban todas clases de conversaciones.
Por fín llegó la hora de entrar en esa sala que no conocía y de escuchar a Richard Galliano y a sus cinco músicos clásicos, explorando temas de Bach y de Piazzola. Tocaron varios temas que adoro y si no fue el mejor concierto que escuché, fue una noche muy agradable.

El duende reapareció el sábado, cuando me instalé en una terraza de café. Sólo quedaba una mesa libre, así que me instalé al lado de dos estimables señores alemanes. Resulta que en esta esquina de la calle Quatre Septembre en donde hay esencialmente oficinas, el sábado es un día muy tranquilo. Pero aún así pasaron algunas mozas y mi duende no paró.
«mira esa con estas cadera pletóricas, seguro que los alemanes lo notan y lo comentan»
Y el duende acertó.
«mira la otra con la faldita tan cortita y con tacones que no le permiten andar, seguro que la escanean»
Y el duende acertó.
Desgraciadamente llegaron los paseantes del día y tuvimos que dejar de jugar.

Hoy el duende me despertó temprano así que pudimos recorrer los campos eliseos y descubrir la instalación de los agricultores cuando todavía no había demasiado gente.
Aquí os dejo la foto de lo que pude contemplar por la mañana.

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Vagabundeo

Jueves festivo, puente obligatorio… nada mejor para disfrutar de París a destiempo.

El jueves hice un gran paseo por la colina de Montmartre. Ya llegó la temporada turística y las mesas de los restaurantes invadieron la plaza de los pintores. Pero lo que más me molestó fue constatar que el pasaje M18 sigue cerrado al público porque el municipio de París y los copropietarios no llegaron a un compromiso.
A pie del Sagrado Corazón, ya no existe el salón de té cuyo chocolate era riquísimo y dentro de poco el local albergará una perfumería… ¡Todo cambia!

El viernes visité metódicamente varias tiendas de muebles del Faubourg Saint Antoine porque una amiga vacilaba entre varios modelos de mesa baja. Empezamos por la mañana y el recorrido se acabó en una repostería muy presentable…

Tras un sábado de idas y vueltas, esta mañana visité una pequeña plaza del distrito 20 cuyo encanto me llamó la atención. Constaté con cierto alivio que el edificio nuevo construido al lado de la cité de l’ermitage es bastante interesante y pone algo de alegría en la calle de Menilmontant.
Luego, tras varios rodeos, recorrí la avenida Gambetta en donde organizaban un «vide grenier», manifestación popular que permite a los vecinos enseñar los tres trastos que quieren vender mientras los paseantes buscan la ganga del siglo.
Si no compré nada, noté en varios detalles que esta zona es de buen vivir, con cierto nivel económico, muy diferente de lo que pude ver en el muy popular distrito 18.
Y para que el paseo sea completo, atravesé el cementerio del Père Lachaise cuyo vestido primaveral resulta casi alegre…

Entre esos paseos, devoré el libro que la periodista Florence Aubenas dedicó a su experiencia de busqueda de empleo en la región de Caen. Tras inventarse un pasado anódino, se presentó en la oficina del paro y su relato sobrio cuenta un cotidiano difícil y regala una mirada llena de humanidad hacia las personas encontradas.
Este librito me reconcilió con los reporteros y me alegra que haya conseguido éxito.

Mañana toca volver a un cotidiano relativamente suave…

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