¡Nada mejor que algunos paseos para cambiarse las ideas!

A veces el azar te hace regalos muy oportunos.

El miércoles por la tarde tenía cita con unos jovenes de Bilbao para enseñarles un trozo de este París que tanto me gusta. Hermano y hermana, ambos curiosos y con preguntas realmente interesantes, me regalaron un rato estupendo, ideal para cargar las pilas antes de enfrentar al día siguiente una comisión paritaria tempestuosa en la oficina.

El jueves por la noche, tras un momento bastante tenso con los sindicatos, pensaba cenar con mis complices de siempre pero no conseguimos encontrarnos. Total entre cervezas y cena, pude conocer un poco más a una persona con quién trabajo y que me cae bien, y redescubrir un pequeño restaurante muy correcto.

Al día siguiente, antes de participar a otra comisión agitada, un ciego despistado me regaló la relajación que necesitaba. El hombre no había escuchado bien el número del autobus antes de subir y por las preguntas que hacía, se veía que no tenía las referencias adecuadas para llegar a su destino desde la parada más cercana. Total, como tenía tiempo y bajaba en el mismo punto, intenté proporcionarle algunas marcas.
Nunca había hecho un recorrido de este tipo, describiendo las cosas para que uno pueda grabarlas en su cerebro y recordarlas para otra ocasión. Este momento fue todo un experimento y lo más asombroso pasó cuando tras cruzar una calle, quise llevarle a su parada de siempre: nada más tocar el suelo con su bastón blanco, había recuperado las referencias y era capaz de seguir sólo.
Y yo que tengo dos ojos que ven, no soy capaz de decir lo que diferencia esta acera de su vecina…

Al final la comisión no fue tan agitada como lo temía y además conseguí algo que no esperaba.

Ayer tocaba hacer un pequeño paseo tranquilo con mi amiga recien operada.
Fuimos a visitar una pequeña iglesia de barrio cuyo elemento más curioso es una humilde sepultura que lleva la inscripción L. XVII
Dice la leyenda que se trataría del hijo de Louis XVI pero no es más que una leyenda extra.

Y para recuperar fuerzas, visitamos una nueva pastelería cuyo chocolate vienés resulta más que presentable y que propone algunos pastelitos muy interesantes 🙂

Y digo yo: ¿Como podría perder el optimismo cuando incluso el azar se empeña a suavizarme la vida?

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Mercadillos de Navidad

Ya empezó la temporada de los mercadillos navideños.

Si no me paré en la instalación de la plaza de la Nación, apretada alrededor de la principal salida del metro y encerrada entre rejas poco acogedoras, me dejé tentar por la gran carpa blanca que instalaron en la explanada de la estación del Este.

En este mercado, una veintena de casetas presentan productos de Alsacia, muy interesantes a la hora de preparar las cenas de fín de año, ya que esta región produce no solo foie gras sino también un vino blanco que lo acompaña de maravilla: el Gewurztraminer.

Dentro de la carpa, constaté que los alsacianos cumplían con su fama: todo resultaba muy bien arreglado y requete limpio.
El suelo de parqué daba un toque calido a la instalación y varios olores llamativos invitaban a probar algunos productos.

Yo di la vuelta metodicamente de todas las casetas y me paré en frente de unos pasteles que parecían interesantes. Cuando le pregunté a la dependiente de que eran, me contestó rotundamente «¡no se decribe, es preciso probarlo!», y enseguida me regaló uno.
Tras probarlo, confieso que la tipa tenía razón: difícil describir este pastelito. Y por su gentileza, le compré una bolsita que a duras penas llegó entera a casa. 🙂

Cuando le pregunté si pasaba bien la estancia, la dependiente me confió que al empezar la semana, estaban preocupados por la ausencia de visitas. Pero ya estaba mejorando y esperaba llegar a un buen nivel de ventas en la segunda semana.

No sé si en este año de marasmo, escudriñando el cotidiano para determinar a que grado de crisis llegamos, viviremos la frenesí navideña de siempre.
Sólo sé que por primera vez recibí invitaciones para ventas privadas con rebajas antes de las fiestas…

De momento tengo demasiado trabajo para ir de tiendas pero por lo menos ya me libré de una de las preparaciones esenciales de las fiestas: encargar los dulces de navidad a mi pastelero preferido.
¡Algo es algo!

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Nada mejor que una estancia en el hospital para recuperar la chispa militante…

El pasado viernes pasé un largo momento en la casa de una de mis cómplices viandantes, recien operada de la pierna y de vuelta a casa tras cuatro días en el hospital.

Me contó todos los detalles de su estancia en el universo de los médicos, reseñando todos las disfunciones constatadas.
Como le preguntaba si notaba una evolución desde su estancia precedente en 2006, contestó sin siquiera pensarselo que le parecía peor. Y como no forma parte de estas personas que pintan el pasado de rosa y cultivan la nostalgia de tiempos mejores, entablamos un largo debate para identificar las causas de estos cambios.

Lo cierto es que el hospital no consiguió adaptarse a las 35 horas. Si el personal hizo horas extras al principio, eso se acabó cuando constató que no había presupuesto para remunerarlas.

Menos personal disponible pero más personas que atender…

Muchos médicos generales sólo consultan bajo cita previa y cuando es preciso esperar una semana para tener hora, son muchos los que van directamente al hospital.

Como si fuera poco, cerraron muchos dispensarios de barrios que atendían a la parte más desfavorecida de la población. Ahora estos desdichados se benefician de la CMU (cobertura medical universal) que teoricamente da acceso al médico, incluso sin dinero. Pero queda claro que entre las citas, forman parte de los que menos prioridad tienen y esta clientela aumenta las filas en el hospital.

Entre las demás disfunciones, mi amiga también mencionó el caso de estas personas que quedan albergadas en el hospital porque no existen soluciones adecuadas para atenderlas. Los normas elevadas de los establecimientos para largas estancias no permiten desarollar las capacidades necesarias y la solución cuesta más caro todavía.

Paso a paso llegamos a contemplar el famoso eslogan «trabajar más para ganar más» y el estupendo incentivo que consiste en quitar las cotizaciones sociales de las horas extras. Este fantástico sistema permite hacer con nueve personas lo que hacías con diez, y además ahorras las cotizaciones. El problema es que el décimo acaba en el paro y falta la cotización para ayudarle…

Y prefiero no hablar del gran préstamo… cuyo objetivo queda bastante confuso.

Supongo que el caos económico y social viene a ser lo mismo en muchos paises pero si sigue así, tendré que reactivar la chispa militante.

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París, Argelia, Francia

Esta semana el acontecimiento mayor ocurrió el miércoles, con los últimos partidos de calificación para el mundial de fútbol.

A las 19h tocaba Argelia contra Egipto.
Desde mi autobus noté en varios cafés todas las miradas clavadas en la televisión.
A las 19h45 pasé al lado de uno de estos cafés en donde la gente se había reunido para mirar el partido y como echaba un ojo para enterarme del resultado, uno de los espectadores me informó y me dijo que todavía le faltaban 40 minutos antes de poder respirar.

Volví a casa tranquilamente y mientras estaba trabajando sin radio ni tele, a las 20h30, por el concierto de bocinas en la calle, supe que Argelia había conseguido la calificación. Tras 24 años sin participar, el acontecimiento merecía alguna celebración.

21h: Mientras los argelinos seguían demostrando su alegría, el equipo de Francia empezaba el partido contra Irlanda.
22h38: Irlanda ya había abierto el marcador, Francia sufría con su equipo y el concierto de bocinas empezaba a cansarme. Así que cerré mis ventanas insonorizadas para respirar un rato.
23h15: Los argelinos seguían celebrando la calificación, Francia llevaba el marcador a 1-1 durante la primera prolongación y yo descubría con verguenza que había encerrado una de las gatas en el balcón.
23h40: Francia también conseguía la calificación y mientras iba a dormir pensé que franceses y argelinos podrían compartir la fiesta de calificación.

Al día siguiente entendí que estaba totalmente equivocada porque empezó el largo debate acerca del gol francés y de la mano de Thierry Henry.
Escuché algunas entrevistas que no tenían desperdicio pero la que más me interesó fue la del dirigente que atendía al grupo de los arbitros durante este partido.
Contaba el derrumbamiento del arbitro principal cuando se enteró de su error y confieso que por algunas experiencias antiguas de arbitraje, sentí cierta compasión por este sueco desdichado.

Hoy, tras varios días de debate, queda claro que Francia e Irlanda no disputarán un partido extra.
Sarkozy inventó una diversión con el traslado de Albert Camus al Panteón y la gripe aparece de nuevo en la portada de los diarios.
Mañana será otro día.

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No tengo ganas de volver a la oficina…

Esta semana aproveché la reserva de días que tenía con las 35 horas para dispensarme de las obligaciones laborales. Y la verdad es que resulta muy agradable, principalmente porque te da la oportunidad de hacer muchas cosas pequeñas sin prisa y sin estrés.

Para empezar me arriesgué en la tienda de un peluquero, lo cual siempre es una prueba cuando tienes el pelo muy rizado, porque nunca tienen solución para ti. Lo bueno es que conseguí el corte que quería y si la chica no pudo controlar sus ansias de alisar mis rizos de siempre, tres gotas de lluvia borraron su trabajo.

Al día siguiente, retomamos el tema del abrigo con mi amiga. Renunciamos a visitar la tiendas de vestidos y como llevaba un patrón bastante original, pasamos por una vieja tienda de tejidos en donde encontramos varias maravillas. Pero como el modelo parece bastante complicado, aplazamos la compra y decidimos consultar a una auténtica modista antes de entablar la fabricación.

Por la noche, experimenté en vivo los efectos de la huelga de la línea B de la Red Expres Regional. En la estación Les Halles, orientaban a los viajeros y habían cerrado una parte de los andenes.

El 11 de Noviembre, se celebraba el fín de la Primera Guerra Mundial en París, con la cancillera alemana Angela Merkel. En estos casos, los sabios se quedan en casa porque la policía transforma la capital en pesadilla.

El jueves pude comprobar que la huelga de la RER B continuaba y pocas veces vi a tanta gente en la estación Les Halles: resultaba imposible acceder a la gran sala de los enlaces y preferí adoptar otro camino.

El viernes reuní a mis cómplices de siempre, en medio día, para probar un restaurante que todavía no conocíamos. Resultó todo un acierto con platos riquísimos y una cuenta razonable para lo que pedimos (primero, segundo, postre, vino, gaseosa y café: 37€50). Así que seré buena y os dejaré la dirección: Entre les vignes, 27ter Boulevard Diderot.

Y entre ayer y hoy intenté cargar las pilas antes de volver a la oficina.
A ver si me toca esta gripe y si me quedo una semana más en casa.

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