Ayer por la noche llamaron a la puerta sobre las 19. Era el señor del censo y como ya sabía que me tocaría una visita así, propuso rellenar los preciosos formularios enseguida y acepté.
Por suerte topé con un hombre realmente simpático y con una buena dosis de humor.
Como le preguntaba si tenía sueldo fijo o si cobraba por formulario me confirmó que era por formulario antes de seguir con una sonrisa:
Con vosotros pierdo el tiempo. Prefiero de lejos las familias africanas: con un solo piso encuentro a 15 personas…
Esta observación me hizo reír y le pregunté si había visitado a los chinos de la primera planta y si sabía cuantos eran.
El hombre no se asombró y me anunció cinco personas declaradas pero ocho según una de las niñas metiendo la pata.
Otra sesión de risa y confirmé que nadie en el edificio era capaz de contarlos pero que la evaluación común rondaba ocho.
Tras esta introducción rellenamos los formularios. El primero se refería a la vivienda. El segundo concernía las personas y cada persona tenía que rellenar uno.
Propuse rellenar dos para mis gatas pero el hombre consideró que no necesitaba ingresos extras.
En cambio algunas respuestas le despistaron y confesó que no cuadraban con las estadísticas esperadas.
Otras risas.
El hombre se despidió y tocó a la puerta de la vecina.
¡Pobrecito!
¡Dos anomalías estadísticas en el mismo rellano!
¡Ojalá no se desanime!
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