Buena intención número 6: Controlar la acústica de la nueva sala Pleyel.

La sala Pleyel forma parte de estos lugares de conciertos míticos de París. No sólo porque allí tocaron los maestros más grandes sino también porque tiene una acústica excepcional.
Eso tenía en la mente cuando vi que el primer concierto del JVC Jazz Festival sería él de Herbie Hancock y precisamente en este lugar. Rompí la hucha sin vacilar ni un segundo y compré una entrada de lujo, en el centro de la primera fila de la segunda gradería, y el pasado viernes fue cuando asistí al concierto.

Lo primero que me llamó la atención fue la sencillez de este gran espacio blanco. Aquí nada de doraduras y demás decoraciones rebuscadas. El diseño me pareció muy moderno y los asientos confortables.

Luego llegaron los músicos y trás un mini discurso, Herbie Hancock se puso a tocar. Esas primeras notas me revelaron una calidad de sonido realmente excepcional y las tres horas de concierto me daron la oportunidad de disfrutarlo de verdad.

Al final creo que examinaré más atentamente el programa de esta sala por si me atrae algún concierto de música clásica. En este espacio, debe ser una auténtica gozada…

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¿Son cotillas los parisinos?

Ayer fue la segunda vez que, en muy poco tiempo, me preguntaron porque las filas de mesas y sillas en las terrazas de café miran hacía la calle. Yo llevo tanto tiempo disfrutando de estas terrazas que ya tenía olvidado este detalle singular. Pero cuando lo pienso, no sólo es bien observado sino que también merece algunas aclaraciones.

Primero es preciso notar que en varios lugares las aceras son muy estrechas y entonces esta disposición es la única que cabe. Pero como se repite en espacios más amplios, tenemos que buscar otra explicación.

En casi todas las aceras que acogen terrazas de café se notan clavos, distantes de más o menos un metro, y que delimitan el espacio que el café puede ocupar en la acera. No son muy evidentes y a veces es preciso escudriñar el suelo para encontrarlos.

Según me explicó un camarero, los cafés pagan impuesto por invadir el espacio público y por supuesto cuanto más superficie, cuanto más cuesta. Entonces lo normal es maximizar el número de sillas y mesas y, si lo piensas bien, la disposición en filas, como en el teatro, es la que más conviene.

Y ya que hablamos de teatro también hablaremos de espectáculo: ¿Hacia donde podrían mirar las filas de sillas si no fuera hacia el espectáculo de la calle?

Personalmente confieso sin verguenza que me encanta pasar un rato en la terraza del Père Tranquille, al lado del Forum des Halles. Allí, en apenas media hora, te enteras de las últimas tendencias de la moda y pillas mucho más ideas que en las revistas más creativas…
Por cierto eso podrías conseguirlo desde cualquier puesto de observación bien elegido pero te perderías el placer del café y los comentarios de los camareros y de tus vecinos.

Al final, como somos muchos haciendo tiempo escudriñando a los transeuntes, prefiero olvidar el tema económico y considerar que la verdadera razón de esta disposición en filas es que los parisinos son unos cotillas empedernidos.

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El cumple de los parisinos

El pasado miércoles fue cuando se celebró el primer cumpleaños de la asociación «Parisien d’un jour, parisien toujours».
El presidente quiso hacer las cosas en grande y todos los voluntarios fueron invitados a presentarse en el ayuntamiento del distrito 11 con bebidas y cositas para picar.
Por supuesto eso despertó mi curiosidad y allí fui.

La reunión tenía lugar en la sala de fiesta del ayuntamiento y allí desfilaron varios elegidos con el discurso de circunstancias.
Luego el presidente dio varias informaciones sobre este primer año y los proyectos en gestación.
Al final un quizz sobre París dio la oportunidad de acoger a los nuevos voluntarios y de controlar nuestros conocimientos de la ciudad.

Luego pudimos (por fín) acercarnos de la larga mesa del bufé y compartir nuestras experiencias.
Yo hablé un rato con tres novatos algo inquietos por su primera sesión de guía.
Vi de nuevo a mi guía del distrito 4 y me relacioné con el voluntario cuyo barrio predilecto es la goutte d’or.
También pude encontrar a la persona que se encarga del contenido de la web y ya tenemos cita para finalizar la traducción al castellano.

Al final pasé un rato estupendo en medio de personas que adoran su ciudad y la buena noticia es que al final de Octubre, la nueva web multi-idiomas será lista.
¡Os avisaré!

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Días del Patrimonio 2008

Este fín de semana se celebraba el patrimonio y ayer por la noche todas las noticias señalaban el gran éxito del acontecimiento.

Ayer por la noche fui a pasear por el distrito 2 y la verdad es que me impresionó la cantidad de gente caminando por la calle con la lista de los sitios abiertos.
Por un lado me pareció muy positivo que la gente aproveche estos días para descubrir alguna parte del patrimonio parisino. Pero por otro me pregunté porque no lo hacían en otra ocasión y pronto surgió el tema económico.

Si apartamos los museos del Municipio de París, cuya entrada es gratuita, en la mayoría de los museos y monumentos te piden entre 5 y 10 euros para entrar. Y si vas con una familia, eso se convierte pronto en un gasto inalcanzable.

Yo me quedé aparte de los circuitos oficiales y esta mañana celebré el acontecimiento a mi manera.
Fui al viejo cementerio del calvario y, como lo imaginaba, estaba abierto al público. Entonces pude contemplarlo bajo el sol y admirar otra vez el molino que señala la sepultura de la familia Debray.

¡Pura poesía para superar días agitados!

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¡Ya volví!

Los parisinos ya superaron las angustias de la vuelta y a mi me toca reapropiarme la ciudad y recuperar el ritmo de la capital.

Ayer, nada más llegar, hice un mini recorrido a partir de la estación del norte.
El incendio en el túnel bajo La Mancha seguía perturbando el tráfico de los «eurostars» y la estación albergaba muchos viajeros despistados.
En los bulevares encontré el movimiento de los sábados y no quise meterme en la pesadilla de las compras.

En cambio esta mañana visité a mi frutera preferida. Ella volvió dos semanas atrás y no pude saludarla antes de marcharme.
Lo malo es que ya noté mucho cansancio en su cara.
Lo bueno es que por fín vuelvo a sentir placer al comer frutas.

Mañana vuelvo a la oficina y eso ya será otra historia.
¿A ver cuanto tiempo tardo para recuperar mis ojeras de siempre?

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