La despedida del PC

Quince días atrás, mi viejo PC me dio una señal inquietante : la alimentación eléctrica dejó de funcionar y tuve que ir al barrio chino de la microinformática para solucionar el tema. En el mismo lugar empecé a indagar sobre las nuevas configuraciones y acabé con una buena idea del presupuesto necesario.

Basicamente, si sabes algo de técnica, cualquier configuración te cuesta la mitad de lo que encuentras en tiendas como la FNAC, asi que no le di muchas vueltas al tema.
Mi viejo PC ya tenía cinco años y con sus 256Mo de memoria, me daba cada día más ocasiones de probar mi índice de zen… Hice el pedido y me entragaron la nueva máquina el pasado miércoles.

Configurar los discos, instalar todas las herramientas imprescindibles y sacar el destornillador para copiar los antiguos discos… Necesité diez horas seguidas para apoderarme del nuevo juguete pero merecía la pena.

El único problema surgió con mi coinquilino y uno de sus juegos. Como la computadora se colgaba a menudo , empezó a discutir la pertinencia de mi compra hasta que llamara a postventa: «Señor, su configuración es un cohete, demasiado rápido para el programa. Tiene que parar uno de los procesadores».

Ahora solo falta eliminar dignamente el viejo PC que acompaño la creación de Ciudadluz.

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Entreteniendo a la dependiente

Nada mejor para recuperar despues de unos días de huelga que meterse en un largo recorrido en busca de lo que sea…

Ese día acompañaba a una amiga que necesitaba comprar zapatos.
Saliendo de la Plaza Voltaire rumbo a Saint-Eustache, pasamos naturalmente por el Marais y aquí entramos en una de las tiendas de creadores.

Tres mujeres, desocupadas, estaban curioseando.
Por su manera de vestirse, tenían pinta de clientes potenciales y la dependiente intentaba atenderles equitativamente. Pero despues de varias preguntas con afectación se marcharon sin comprar cualquier cosa.

Mientras tanto, mi amiga y yo escudriñábamos la ropa presentada e hicimos una primera selección. Mi amiga escogió una falda negra de forma y tejido original y yo elegí un objeto marrón de nombre indefinido, entre el jersey, el vestido y el guardapolvo…

Ya instalada como cliente efectiva, dejé rienda suelta a mi curiosidad y saqué un objeto que ya había notado en otra tienda. Perpleja, solicité a la dependiente:
«¿Por pura curiosidad intectual me explicaría usted como una pone esta cosa?»
La pregunta alegró a la dependiente y se prestó al juego.
Resulta que el objeto (una malla con cuatro orificios dispuestos al azar) se usa como lo imaginaba: entrar por un orificio y buscar otros para la cabeza y los brazos. En cuanto al resultado, basta con decir que es «pura creación» para que deje de ser basicamente horrible. Además la perspectiva de una exploración metódica de todas las combinaciones casi permite considerar que esa cosa es una ganga ya que reune las funciones de prenda y de juego.
El único problema es que al despertar no doy para los rompecabezas.

La dependiente, divertida por mis comentarios, me presentó otros modelos pero llegué pronto a la conclusión que no cuadraban con mi estilo de belleza…

Mientras pagabamos, empezamos a hablar de las tiendas de creadores, globalmente poco frecuentadas y la dependiente nos hizo este comentario sobre su cotidiano:
«No pasa mucha gente y podría parecer aburrido. Pero resulta que tengo una cliente divertida cada día y eso ilumina el día. Hoy ha sido ustedes. Está bien. Tengo mi cuenta».

Con este nuevo diploma de payaso callejero, seguimos el recorrido del día.
¿Sobra decir que volvimos sin zapatos?

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Caos cotidiano

Ya llevamos cinco días con una huelga dura de los transportes parisinos y, de momento, no se sabe cuanto durará esta protesta.
El pragmatismo benevolente del primer día se transformó pronto en resignación y lo que domina ahora es un tremendo cansancio.

Madrugar, pasar dos horas en los atascos, trabajar, otra vez los atascos, tal es el programa de los habitantes de las afueras y vuelven a casa fritos.
Entre los parisinos el juego es diferente.
Los escasos metros que circulan permiten medir la capacidad de compresión de los cuerpos.
Las bicis provocan descontrol y los peatones intentan evitar los accidentes.

Lo que más me impresionó fue la multitud esperando un tren rumbo a la Défense en la estación Chatelet. Multitud compacta y silenciosa, desbordando de los andenes e invadiendo poco a poco los pasillos de enlace…
Por suerte camino al reves de la gente y no tuve que aguantar esta apretura espantosa.

Ayer usé mi bici para solucionar el problema del día. Hoy toca descansar.

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Curioseando…

Ya estamos con el horario de invierno y a partir de las 18 ya es de noche.
Lo bueno es que la gente enciende la luz más temprano y desde la ventana de mi autobus preferido puedo curiosear descaradamente.

Lámparas de papel para esconder las bombillas en los pisos ordinarios, arañas clásicas con seis u ocho brazos en medio de muebles de estilo, neones que señalan oficinas o talleres, halógenos que ponen de relieve un techo con cornizas, suaves lámparas de sobremesa rodeadas de libros, colgantes de diseño en contextos de todas clases… las iluminaciones te dan una idea de las casas y de sus inquilinos.

Yo pasé casi un año buscando las lámparas que me acompañan y todavía no tengo el tema totalmente resuelto.
Quizás explique mi inclinación por curiosear así…

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¡Todos Santos!

Tradicionalmente, el periodo de la fiesta de Todos Santos coincide con las primeras vacaciones escolares de los niños y París se despuebla.

Este año el día festivo era un jueves y varios almacenes anunciaron aperturas excepcionales.
No sé si es para aumentar un volumen de negocios mediano o si es porque ya no se concibe un día libre entre semanas sin ir de compras.
Lo cierto es que esta recuperación consumerista de esta fecha simbólica me exasperó : ¡nuestra identidad no se resume a nuestras compras!

Total me metí en un largo recorrido cuya primera etapa fue el muy cerrado cementerio del calvario. Luego seguí paseando, nariz al viento, en busca de estos relojes de sol que adornan algunos edificios parisinos.
Pillé algunos momentos especiales, descubrí nuevos detalles de esta maravillosa ciudad y volví con una provisión de historias por contar…

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