La semana mágica

Este año el 15 de agosto es un miércoles y los parisinos aprovecharon la circunstancia para marcharse de la capital.

La semana se escurrió perezosamente y hoy disfruto de los últimos momentos de tranquilidad.

En la plaza del mercado, hay mesas libres en la terraza del café.
En las calles, casi no hay tráfico.
Los comerciantes tienen todo el tiempo del mundo y la gente va sin prisa.

Mañana ya volverá una parte de los veraneantes y la suave sensación de indolencia de la semana mágica se desvanecerá…

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Entre golosos

Hoy tuve ganas de une auténtico momento veraniego y arrastré a mi cómplice de siempre hacia la casa de Raimo.

Don Raimo es un venerable heladero que lleva más de 50 años encantando las papilas de los parisinos.

Hoy fue un día de suerte.

Primero porque encontramos enseguida una mesa libre en la terraza y pudimos saborear tranquilamente la elección del día : chocolate amargo, canela, avellana y mandarina.

Segungo porque mientras estaba contemplando el menú para escoger los perfumes de la segunda ronda llegaron dos vecinas muy simpáticas a la mesa de la derecha. Porque saborear un helado ya es un placer pero compartir los sabores y las sensaciones de los diferentes perfumes es mejor todavía.

Para la segunda copa escogí naranja, toronjil y jengibre.
Dejé que las vecinas probaran mis perfumes y elles me enseñaron los suyos: albaricoque, melón y melocotón.
¡Puro placer!

Las chicas no sabían que ya estabamos con la segunda ronda cuando llegaron. Pero cuando se enteraron perdieron las inhibiciones y pidieron otra copa también.
El contagio se extendió a la mesa de izquierda y el camarero aclamó nuestra influencia…

Ya estabamos saciado y dejamos nuestra mesa con la sonrisa puesta por este momento compartido… entre golosos…

 

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Agosto…

Hoy es el último día de trabajo de la frutera de mi barrio y ya no tiene tantos productos como siempre…

Lo bueno es que propone varias ofertas para agotar lo que le queda.

Lo malo es que no sé como aguantaré sus largas semanas de ausencia.
En eso de escoger frutas, soy una inútil pero esta chica tiene un don y cuando vuelvo a casa con la cosecha del día, sé que disfrutaré de una colección estupenda de sabores.

¡dios mío! ¡Tengo que inventar algún plan de supervivencia!

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La sonrisa del día

En la parada del autobus esperaba un ciego con su bastón blanco.
El maquinista del autobus tocó el pito y paró el vehículo de tal forma que la puerta estuviera perfectamente en frente de este viajero.
El ciego entró y empezaron a hablar.

Yo bajaba en esta parada pero este momento de pura solidaridad me alegró el día.

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¡Ya lo probé!

Ayer desperté con la idea de probar este nuevo modo de desplazamiento parisino: el Velib.
El principio es muy sencillo: escoges una bici en una de las estaciones, la usas para un trayecto que tarda maximum media hora y la dejas en la estación más cercana.

Ayer pues bajé a la esquina de la calle en donde instalaron una de las estaciones. Compré un abono de un día que cuesta un euro y me apoderé de una bici: 21 kilos, tres velocidades y una cesta de metal colgando del manillar.

Aunque París cuente siete colinas, cualquier itinerario es relativamente llano. Así que la primera velocidad me dejó relativamente escéptica. Pero por lo demás la bici me pareció perfecta.

Por cierto no escogí el itinerario más directo para llegar a mi destino del día y entonces, pasados los primeros veinticinco minutos, surgió la delicada alternativa: aparcar la bici dentro del periodo gratis o llegar al destino final.

Escogí la primera posibilidad y aparqué en la primera estación accesible, resignada a seguir caminando.
Resulta que tuve suerte ya que llegué totalmente al azar a la estación más cercana de mi destino del día.

Media hora de compras y me puse a buscar otra estación y otra bici para volver a casa. Tocó una estación al lado de Madeleine y pude seguir mi camino.

Confieso que en la larga subida entre la plaza de la Trinidad y la plaza Pigalle, le encontré una tremenda utilidad a la primera velocidad…
Tardé menos de media hora y tan pronto como llegar a casa, rellené el formulario para pedir un abono de un año. Con 29 euros ya no perderé horas escogiendo sitios para aparcar mi bici con seguridad. ¡Genial!

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