Golosina

Cuando el mes de Julio no te regala la cantidad de sol que necesitas, es preciso inventar compensaciones.
Entonces me fui hacia la tienda de uno de mis pasteleros preferidos con la idea de comprar algunos «moelleux» al chocolate.

Desgraciadamente, ya no tenía modelos individuales pero me propuso un modelo de cuatro porciones y consideré que podría dar abasto sin problemas.
Luego la dependiente me hizo un comentario tan elogioso a propósito del milhojas de vainilla que no pude resistir a la tentación.
Al final también compré un pastelito para el camino y volví a casa con la idea de hacer la prueba del día.

No sé cuales son las referencias gustativas de la dependiente y si solo probó los modelos normalitos, es cierto que el milhoja de este pastelero es una maravilla.
El problema es que yo tengo otras referencias y este pastel, comparado con los que uno encuentra en Pierre Herme o en el Pain de Sucre, no tiene nada del otro mundo. (Además, yo que soy una exagerada, prefiero el «dos mil hojas»)

Sin embargo el moelleux era tan rico como siempre y el «éclair au café» del camino era verdaderamente delicioso… Incluso tuve la sensación que este pastelero seguía mejorando…

Asi que prometo dedicarle una página en cuanto se acaben sus vacaciones.

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¡Rutina!

Ya llevo varios días despertando de madrugada y aproveché el hecho de no tener prisa para coger el primer autobus de la línea que pasa al pie de mi casa.

Misma hora, misma línea, misma gente… e incluso mismos asientos.

Y entonces empecé a divagar: ¿Que pasa cuando uno se atreve a ocupar otro asiento ?
¿Refunfuñan?
¿Se enojan?
¿Se instalan sobre los muslos del desconsiderado a modo de castigo?

Contemplé el panorama y encontré las respuestas: en realidad todos estaban semi durmiendo y cogiendo el bus como sonámbulos, no tenían otra opción que dirigirse hacia el mismo asiento.

Total reembalé mis delirios matutinos y me perdí en algún diario…

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Geocaching

Hoy tocaba estrenar un GPS para un nuevo tipo de actividad : el Geocaching.

El principio es sencillo:

  • algunos esconden un objetito en un sitio identificado por sus coordenadas y luego registran el escondite en algún servidor especializado
  • otros escogen un escondite en el servidor especializado y salen en busca del tesoro del día.

Yo escogí el tesoro de la plaza Pigalle. Quedaba a unas cuadras de mi casa y como paseo digestivo, me parecía ideal.

Cuando llegamos a la plaza, escudriñamos el GPS. No había duda posible. El tesoro estaba al lado de la entrada del metro.

Dimos veinte vueltas a la entrada, miramos debajo de los cubos de basura, en las señales indicadoras, en las vallas publicitarias… Nada.

Luego consideramos doctamente que la precisión de un GPS es de unos metros y cruzamos la calle para examinar cada hoja de los macizos de flores.
Encontramos un recado escrito en una tela atada a una rama pero nada que se parezca al tesoro esperado.

Volvimos a conectarnos y una nueva consulta del servidor nos dió la solución.

Ni os cuento la alegría cuando encontramos este objetito rectangular, largo de una decena de centimetros y cuya sección solo contiene una pequeña hoja de papel para que los descubridores apunten la fecha y su nombre.

Ahora tocaría crear un escondite para los demás pero confieso que necesito pensarlo un poco más…

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El paraíso de las modistas

Meses atrás compré un retal de muselina de seda. Luego encontré un patrón interesante y el pasaso viernes es cuando me fui al Mercado Saint-Pierre en busca de una solución para usar un tejido transparente con un patrón que no lo permite. En estos casos no me pierdo al azar en las tiendas de este barrio y voy directamente al almacen Reine.

Pasé un ratito en la planta baja pero pronto me confirmaron que lo que buscaba se hallaba en la primera planta. Entonces subí y encontré a una dependiente disponible.

La doña, antillana, escuchó mi problema con curiosidad. Cuando le enseñé la muselina, la tocó para medir su calidad y me preguntó donde la había encontrado. Despues de varias consideraciones que me llevaron a pensar que este tejido era una ganga, también preguntó por el patrón elegido y conseguí otros comentarios interesantes. Luego empezó a hacerme sugerencias y probamos varias asociaciones de colores antes de elegir un forro color champán.

Al final no solo conseguí una solución para el problema del día sino también pasé un rato muy agradable con una auténtica profesional que sabe mucho de moda.

¡Faltó poco para que decidiera reciclarme en modista!

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La guerra de los cochecitos

Para las madres de familia el regreso a casa con el niño y todas las compras se parece a veces a una auténtica proeza deportiva.
Pero algunas encontraron LA solución y es el cochecito de niños.

No solo permite tener al niño atado y bajo control pero tambien se revela muy práctico para colgar todas las bolsas de las compras. Todo pasa bien mientras no se trata de meterse en el autobus en horas punta.

En otros tiempos, era preciso plegar los cochecitos antes de entrar en el autobus. Pero en un ataque de humanidad la administración admitió la posibilidad de viajar sin plegarlos si no molestaba.

Total a las cinco de la tarde en algunas líneas empieza la guerra de los cochecitos.
Algunas se precipitan sin siquiera mirar si empujan a los demás, otras apartan el cochecito competidor para conseguir espacio, y ni os hablo de estos modelos enormes para dos niños…

Ayer asistí a un festival.
Empezamos con un cochecito para dos niños de frente con dos gemelos magníficos capaces de sincronizar perfectamente sus gritos / llantos / cantos. Y por supuesto tambien estaban los dos viejecitos enternecidos por tanta gracia…
Seguimos con una negra tranquila, su cochecito confortable y sus compras pletóricas. Apenas notamos a una europea discreta que entró en la misma parada.
Luego vino una africana nerviosa y entonces empezó la pelea entre las dos negras.

Confieso que me perdí los detalles de la discusión porque mi vecina de silla empezó a explicarme su propia filosofía del uso del cochecito…

Yo no tengo ideas sobre el tema y esperé con curiosidad la llegada a una estación muy concurrida.
Constaté con admiración que todos conseguían salir del autobus y entrar sin matarse.
Sospechó que contrataron a un maquinista especialmente paciente…

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