Víctimas de la moda

No sé si es por el precio del tejido o si solo se trata de proponer algo diferente pero la moda del día tan para los pantalones como para las faldas es de cintura baja.

Eso produce en la calle un espectáculo bastante divertido.
Algunas enseñan un ombligo regordete, otras la parte superior del tanga…
La mayoría revela pequeños michelines agarrados a sus caderas que no se notarían si no fuera por la cintura baja…

¡Definitivamente, tengo que revisar mi concepción de la belleza y de la elegancia!

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La fiesta de los vecinos

Dicen algunos que esta fiesta fue imaginada por un chaval que no sabía como contactar a una chica de su vecindario que le gustaba mucho… No se sabe si funcionó y menos todavía si es verdad. Lo cierto es que en 2000 es cuando los franceses inventaron un nuevo acontecimiento : la fiesta de los vecinos.

Este año había carteles en la entrada del inmueble: Eric de la tercera planta y Stéphane de la segunda planta invitaban a reunirse en el patio del edificio para tapear a partir de las 20.

Entonces me paré en el supermercado para comprar cositas, y cuando volví a casa empecé a escudriñar el cielo con perplejidad. Pero mi vecina de rellano me quitó las dudas : «Oye, tememos la lluvia así que nos juntaremos en mi piso». Vale, vale, vale…

Preparé una cesta con vino, embutidos, quesos y me fui a la cita del día. Poco despues llegaron Stéphane, su mujer y su niño, Eric y su coinquilina. La última fue la chica de la primera planta.

Vino tinto, vino blanco, rosado, crémant, rioja, ron, whisky… No sé como escapé al casco de plomo de las resacas… Quizás porque la vecina es profe de danza y acabamos la noche sudando lo que habíamos bebido…

Lo cierto es que descubrí unas personas muy majas y al final convenimos en repetir en otras ocasiones.

Al fín y al cabo, estas fiestas «institucionales» tienen aspectos positivos…

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Despiste…

Hoy cambié de itinerario al volver del cajero automático y me quedé perpleja al examinar los comercios de la última manzana.
Un bar, un cocinero chino, un locutorio, una pastelería argelina, una farmacia, un bar.
Algo no cuadraba…

Contemplé de nuevo la sucesión de tiendas y de repente detecté la anomalía : ya no encontraba la tienda de los quesos.

Se llamaba «la ferme de Saint Louis» y allí compraba estos quesos de cabras que tanto me gustan. El dueño tenía unos sesenta y se notaba su amor de los productos de calidad.

Imaginé que se había jubilado y que por eso había desaparecido la tienda. Pero me quedé con una curiosa sensación. El cambio no se hizo de la noche a la mañana y sin embargo no noté nada, como si algún brujo travieso hubiera borrado esa tienda del barrio…

Ahora instalaron un locutorio… ¡uno más!

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Afueras rojas

Hoy tenía que visitar a una dama que vive en Vitry sur Seine.
Despues de un largo viaje en metro salí a la superficie y empecé el recorrido del día.

Bulevar de Stalingrad,
Bulevar Maxime Gorki,
Avenida Louis Aragon,
Sendero de la Commune,
Avenida del Colonel Fabien,

Indudablemente estaba en uno de estos municipios comunistas de las afueras de París.

Y recordé con ternura a esta vieja película francesa con Josiane Balasko : «No todo el mundo puede tener padres comunistas»…

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¿Trabajar más YA?

Hoy es día festivo en Francia: se celebra el fín de la Segunda Guerra Mundial.
Hoy dos obreros trabajan sobre el tejado del edificio de en frente, ajustando una pieza de cinc.

¿Será que ya es hora de conformarse con el programa del trabajar más?

Mientras tanto anuncian que el nuevo presidente francés pasa unos días en un yate de lujo cerca de la isla de Malta.

¡Viva el cambio!

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