Los Cuentos de la Prensa

Esta mañana comentaron en la radio que el control de un pasajero, sobre las 16, provocó un disturbio que duró más de ocho horas en la Estación del Norte.
Decían que unos 200 jovenes pelearon con los policías, que los metros de las líneas 4 y 5 dejaron de pararse en esta estación y que en medianoche es cuando todo volvió a la normalidad.

Lo raro es que ayer, precisamente a estas horas, estaba en uno de los metros de la línea 4 y no tuve la sensación que el tren se saltaba la estación de la batalla.

Admito que de vez en cuando me pierdo en la nada pero no me hubiera escapado una situación tan caótica como la que comentaba la radio.
Entonces sólo quedan dos opciones.
Sea mi angel de la guardia escogió para mi el metro que circulaba normalmente.
Sea la prensa difundió una vez más noticias exageradas.

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Incomprensión ordinaria

El hombre, joven, negro, entró en el autobus y se fue a sentarse en la parte trasera.
El conductor, cuadragenario, blanco, no quiso arrancar de nuevo mientrás el joven no presentaba un título de transporte.
Una viajera, sobre los treinta, mestiza, quiso apaciguar la situación: «Señor, esperamos que presente su billete».
El hombre joven se acercó al conductor y entonces empezó un dialogo de sordos.

-¿Qué pasa?, dijo el joven.
-Usted tiene que presentar un título de transporte, dijo el conductor, o pagará una multa si le controlan.
-No tengo título pero tengo dinero y si me pillan, pagaré la multa. Mira aquí tengo mil euros. ¿Hay de sobra no?, y el joven exhibó un fajo de billetes de cincuenta euros

Pero el conductor no quiso entender esta forma de juego y exigió que el joven comprara un billete. Conciliador, el joven puso un billete de cincuenta euros sobre la taquilla.

– No tengo cambio, dijo el conductor.
– No tengo monedas, dijo el joven.

Y así entablaron el segundo round…

Confieso que me cansé del espectáculo, bajé del autocar y seguí caminando. Pero este momento de pura incomprensión me dejó bastante perpleja.
Mil euros corresponden al salario mínimo y representan la mitad de la paga de un conductor. Por este lado es algo concreto que todos entienden.
En cambio en las manos del hombre joven toman un sentido diferente: ¿producto de algún tráfico ilegal? ¿ingresos de la venta de drogas?…
A nadie se le ocurrió imaginar que el hombre joven acababa de vaciar su cuenta de ahorros para comprar un regalo a su novia.
Eso será lo que algunos llaman fractura social…

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Paradojas francesas

Ayer Nicolas Sarkozy propuso la creación de un Ministerio de Inmigración e Identidad Nacional.

Si no fuera por la personalidad de quién la enuncia, sólo sería una promesa electoral extra.
Pero resulta gracioso que venga precisamente del candidato cuyo padre nació en Hungría y cuya familia emigró a Francia para salvarse de las «hordas rojas«.

También me divierte la idea que el mismo candidato instaló la sede de su campaña electoral en un barrio cuyo apodo es «la Pequeña Turquía» porque alberga la comunidad turca más importante de la capital.

Paradojas ordinarias de este país de quien dijeron: «Un país que cuenta más de 400 variedades de quesos es basicamente ingobernable«

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El bar de la esquina

Mi refugio estaba en obras así que bajé al bar de la esquina, a almorzar tranquilamente.
Llevaba siglos sin entrar en este sitio porque el dueño y yo no tenemos las mismas opiniones políticas… Pero el vientre ayuno no oye a ninguno.
Total me instalé y pedi el plato del día.

Me hizo gracia contemplar a la clientela: dos africanos extrovertidos, un árabe y un africano callados, dos viejecitas de juerga, dos tamiles reservados, un jubilado cojeando, una doña sola, un artesano portugués, dos peones eslavos, los comerciales ruidosos, la pandilla de «Médicos del Mundo» y yo y mi invitada mestiza…

En otros tiempos el dueño me explicó que estaba de acuerdo con él que quiere devolver Francia a los franceses.
En otros tiempos, le contesté que si así fuera, se perdería la mitad de la clientela.

No sé si llegó a pillar el concepto…

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¡Disfrazaron el autobus!

Hoy esperaba tranquilamente el autobus cuando vi pasar su hermano que caminaba en la otra dirección.

¡Que horror!

Pegaron un plástico en todo su lado izquierdo con una publicidad que ni siquiera recuerdo.
Eso también lo hacen en algunos metros pero cuando estás en el vagón recorriendo los tuneles, no te molesta.
Es otra historia con los autobuses porque el maldito plástico también cubre una parte de las ventanas y, aunque tiene calados, no te permite ojear de la misma manera.

Total, tendré que renunciar a los paseos en autobus y seguiré caminando.

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