Al norte de la Gran biblioteca

Entre el bulevar Vincent Auriol y la Gran biblioteca se halla un espacio de unas cinco hectáreas que forma parte de los primeros lugares transformados por el programa de rehabilitación urbana.

Cuenta con edificios de oficinas a lo largo de la avenida de Francia, pero en los tres otros lados, se ven edificios de viviendas con comercios en la planta baja, entre los cuales toca mencionar una jardinería que visito regularmente.

Esta manzana destaca de las que vi en la parte sur de esta zona de desarrollo concertado porque también alberga una escuela primaria y, en su parte central, un agradable jardín con huerto incluido y una pista de baloncesto. En esta zona de alta densidad, tiene un no sé qué de pequeño pueblo muy agradable.

Pero lo que más me asombró fue encontrar una modesta iglesia dedicada a Nuestra Señora de la sensatez al lado del jardín.

Como en otras partes del distrito XIII, esta pequeña iglesia resulta mucho más bajita que los edificios que la rodean, pero destaca por su vestido de ladrillos rojos. La puerta estaba abierta así que entré para descubrir este lugar.

Diseñado por Pierre-Louis Faloci, el edificio tiene estructura de hormigón y su interior reserva varias sorpresas, empezando por la ubicación de sus bancos.

Sobra decir que esta distribución disimétrica es totalmente intencional…

A mi me gustaron la modestia de las paredes de hormigón y las aperturas hacia el exterior que proporcionan una luz muy suave. También noté los diferentes elementos simbólicos expuestos en las partes laterales, pero el elemento más notable es probablemente la estatua de tilo que representa la virgen y su hijo.

En medio de la gran ciudad, este lugar proporciona un apreciable espacio de tranquilidad…

Confieso que, al salir de esta manzana, pasé por la tienda de jardinería en donde no compré nada.

Luego seguí rumbo a la estación de Austerlitz, en donde encontré un autobús que me acercó de casa…

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Retomando (casi) el ritmo de siempre

El primer día de teletrabajo, con las gatas abatidas por el calor yaciendo en la parte embaldosada del suelo y una temperatura rondando 28 grados, resultó bastante difícil. Pero sobrevivimos y, al atardecer, un largo paseo alrededor de la colina de Montmartre me devolvió la alegría de las caminatas.

Para bien empezar esta nueva temporada parisina, al día siguiente, hice un largo recorrido por los distritos XII y XIII con un caminante argentino que tenía mucho aguante y me regaló unos intercambios muy interesantes.

Luego tuvimos varias sesiones de lluvia, la temperatura bajó, se murió la Reina Elisabeth y las gatas recuperaron algo de vida…

Dediqué una parte del sábado a visitar el mercadillo de la plaza de las Abadesas antes de seguir hacia varias tiendas que se hallan cerca de la Madeleine.

En la tienda de la famosa empresa sueca, casi no se podía circular por la cantidad de gente mirando por todas partes o haciendo cola para pagar. Por suerte, yo no iba a comprar sino a mirar la calidad de un producto preciso y pronto pude escaparme de esta multitud. La segunda tienda resultó más tranquila, pero la generalización de las cajas automáticas empieza a enojarme por que no quiero regalar ese trabajo gratuito a gente que no lo necesita…

Por la noche, organizaban un banquete de barrio, justo al lado de mi casa, y si no participé al acontecimiento, con gusto escuché la música que acompañaba la cena.

Hoy quise visitar un mercadillo organizado en el bulevar de Port Royal, a la frontera de los distritos V, XIII y XIV. En esta zona, el sueldo medio es mas mucho más elevado que en mi barrio mestizo y sentía curiosidad por los objetos expuestos. La verdad es que el mercadillo no me decepcionó.

Instaladas a la sombra de los árboles que bordean el bulevar de Port Royal, casi todas las mesas estaban bien arregladas y la mayoría de los productos eran de muy buena calidad.

Yo me dejé atrapar por el pomo de un bastón, pero no compré el objeto.

Más adelante, visité el otro mercadillo instalado en el bulevar Arago. Allí también encontré mesas muy bien arregladas y algunos objetos realmente bonitos, pero no tenía el nivel del primer mercado.

Luego seguí al azar rumbo al orilla del Sena en donde había mucha gente disfrutando de un tiempo soleado. Contemplé un rato a los ancianos reunidos en una de las pistas para bailar y me alegró verlos tan contentos de disfrutar este momento.

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¡Adelante!

Después de varios días en un pequeño pueblo bastante tranquilo, volver a casa siempre produce un choque por la cantidad de gente, el ruido y el ritmo de las grandes ciudades. Y cuando llegas un sábado, en medio del mercado semanal cuyos clientes proceden de toda la región parisina, el choque resulta más brutal todavía. Sin embargo, al escuchar la troba de africanos cantando y tocando tambores para obtener monedas, sonríes y recoges la energía regalada a los vecinos.

Luego toca conectarte de nuevo con la gran ciudad, visitando algunos comercios y comparando la variedad y los precios de los productos a los que constataste en el pequeño pueblo. Eso hice ayer para llenar la nevera y para preparar algunas sesiones futuras de bricolaje.

Readaptarse también requiere un largo recorrido en autobús para mirar París desde la ventanilla y visitar uno de los mercadillos del día. Eso hice hoy, viajando con el autobús 38, casi desde un extremo de la línea al otro, y visitando el mercadillo organizado cerca de la puerta de Vanves.

Mañana intentaré sobrevivir a la avalancha de correos electrónicos desde casa.

Pasado mañana, volveré a la oficina y a las largas caminatas que me ayudan a soportar las contrariedades laborales. Y luego seguiré explorando esta ciudad que tanto me gusta.

Continuará…

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Preparando el fin de la abundancia

El último discurso del presidente galo anunció “el fin de la abundancia, la evidencia y  la despreocupación”.

¡Queda claro que este señor nunca trató de vivir con el salario mínimo!

Total, como todavía no llegó este fin, tuve ansia de aplicar la divisa pegada en la pared de una escuela de arquitectura (“Toma tu tiempo contra el trabajo”) y de otorgarme unos días de vacaciones.

¡Hasta pronto!

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Calle Watt

Descubrí esta calle a través un dibujo que hizo Jacques Tardi en su adaptación de la novela de Léo Malet titulada “Niebla en el puente de Tolbiac”. El dibujante representó varios lugares del distrito XIII de los años cincuenta y la verdad es que no daba ganas de perderse por esta zona.

Sin embargo, sé que pasé varias veces por esta calle en coche y de noche antes de la rehabilitación que transformó esta parte del distrito XIII y me pareció cada vez tan mortífera como en la novela.

Varias décadas más tarde, quise ver como habían transformado este lugar peligroso y tuve una grata sorpresa.

A partir de la calle Chevaleret, el nombre de la calle Watt aparece en letras gordas sobre la pared de color clara que corona la entrada de la parte subterránea, como una invitación a visitar este sitio. Entonces entré esta parte y pude contemplar una transformación bastante acertada.

Para empezar, ya no se trata de una calle que pasa debajo de una sucesión de puentes sino de un auténtico túnel, mucho más fácil de entender. Luego ya no hay pilares y separaciones estrictas entre las calzadas y las aceras. Pero los diferentes espacios siguen señalados por una sucesión de lámparas bastante originales. Además una redecilla de metal protege cada fuente de luz y limita el vandalismo.

Caminé sin miedo hasta la salida del túnel y allí tuve una buena muestra de los diferentes niveles de la gran ciudad. Debajo de la calzada, circulan la primera línea parisina de metro automático y una gran línea de cercanías. Encima del túnel, circulan los trenes de la estación de Austerlitz. Y más arriba encontramos las calles por donde caminan los parisinos que viven o trabajan en esta zona. Y entre estos diferentes niveles, explotan todos los volúmenes para instalar gimnasios, zonas de reparto o de almacenamiento.

Por suerte, una frase de Edgar Allan Poe, pintada sobre la pared del puente de la avenida de Francia me alegró el día.

“¡Asombrarse es una felicidad!”. Y lo cierto es que en esta parte de París, hay muchas cosas asombrosas.

Más adelante, la calle Watt sigue rumbo al Sena y saludé de paso el bicho descubierto en otra ocasión.

La avenida de Francia, eje principal de esta zona, comunica con todas las calles que llevan al rio, pero de momento no percibo bien sus conexiones con la parte más antigua del distrito XIII.

Seguiré explorando…

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