Vendimias y mercadillos

El martes al amanecer, cuando subí a la colina para contemplar la gran ciudad, constaté que habían instalado carpas y cerrado el acceso a la plaza superior. Y eso me recordó que ya había llegado la temporada de celebrar la fiesta de las vendimias en Montmartre.

Las festividades empezaron al día siguiente, con acontecimientos en varios lugares del distrito y un camino por la colina para visitar los productores instalados en las carpas. Pero el momento más concurrido fue el gran desfile, dando vueltas por la colina, desde la viña de Montmartre, rumbo a un bonito jardín al lado del Ayuntamiento.

Yo llegué demasiado tarde para participar a este espectáculo callejero, pero en varios puntos del distrito, algunos participantes estaban brindando e incluso cantando.

Mi contribución a las vendimias consistió a recoger el racimo de uvas que produjo la viña de mi balcón.

Si no participé a la fiesta de mi barrio, descubrí con mucho interés el mercadillo organizado en la muy selecta avenida des Ternes. En esta parte de la capital, todos los expositores eran anticuarios más o menos especializados. Si algunos objetos me parecieron muy bonitos, preferí no pedir el precio para no desmayarme. Sin embargo, encontré el puesto de una asociación que se dedica a ayudar las iniciativas económicas de las mujeres de Burkina Faso y compre una cesta de tamaño suficiente para una de mis gatitas.

Para volver a casa pasé por la calle Poncelet y la parte dedicada a los comercios de comida me pareció muy agradable. Tendré que volver allí…

Y hoy cambié de distrito y de estilo de mercadillos.

En la avenida Laumière, justo al lado del parque des Buttes-Chaumont, encontré un mercadillo más normalito, con gente de a pie vendiendo de todo. Aproveché la visita para entrar en la pastelería “Vieille France”, muy tradicional, y degusté un “Saint-Honoré” riquísimo.

Mas adelante, también pasé por el mercadillo organizado en las callecitas de la Butte Bergeyre. Tras superar la prueba de la escalera para llegar a las callecitas, encontré un mercadillo de vecinos, con muchas prendas de niños y pocas cosas para mí. Con gusto visité el pequeño jardín compartido y me paré un rato para mirar la estupenda vista hacia el Sagrado Corazón.

Luego seguí rumbo abajo y volví tranquilamente a casa.

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De tiendas

La conocida cadena de muebles sueca constató que los parisinos no visitan las tiendas que instaló en las afueras de la capital. Entonces organizó traslados en autobús desde algunas plazas parisinas, pero, aun así, los habitantes de París intramuros no tienen ganas de perderse en estas espantosas zonas comerciales pocas acogedoras para los peatones.

Yo fui un par de veces al almacén que se falla cerca del aeropuerto de Roissy. Cuando tienes coche, el camino es bastante sencillo y se compras varias cosas, llevarlas a casa no es tan complicado. En cambio, si formas parte de los peatones empedernidos, tienes que viajar por la red exprés regional para acercarte y luego queda media horita caminando.

Para atrapar a estos peatones empedernidos, la cadena sueca instaló un “pequeño” almacén al lado de la iglesia de La Madeleine. No tiene tantos productos como en las afueras, pero puedes encontrar casi todos los pequeños detalles que compras sin necesidad.

En este sábado de lluvia, tuve ganas de visitar este estimable almacén en busca de un pequeño colchón para las gatas y eso fue el destino de mi caminata del día.

Después de entrar, constaté que había un promedio de dos clientes por metro cuadrado y unas colas impresionantes para pagar las baratijas de la cosecha del día. Yo me limité a mirar los escasos productos que me interesaban y aplacé la decisión de comprar.

Más adelante, en la zona de los grandes almacenes, visité una tienda de prendas de deportes y también me impresionó la cantidad de clientes. Entrada, pregunta, mirada a las estanterías y salida. Tampoco me costó mucho esta visita.

Pero al ver tanta gente apiñándose en las tiendas, en las terrazas y en los mercados, pienso que el virucito pronto tendrá nuevos clientes.

Por la noche tocaba celebrar la “noche en blanco”. Yo me quedé en casa a salvo de la lluvia con las gatas. En el bar de la esquina unas cincuenta personas estaban compartiendo la velada en la calle y en algunos pisos de la otra acera se veían algunas reuniones bastante alegres. El ruido de los acontecimientos se apagó (un poco) sobre las dos de la mañana…

Hoy el paseo del día me llevó al fórum y me atrevé a bajar en este templo del consumismo y a entrar en algunas tiendas. En esta zona también la gente busca detalles para mejorar la decoración interior de su casa. Pero no noté la frecuentación del sábado. Yo compré una pequeña alfombra para la Reina de la casa, pero de momento ignora al regalo con mucho esmero 😊

Y ahora toca recuperar porque anuncian huelgas de los transportes el martes…

¡Hasta pronto!

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Paseando con los “greeters” parisinos

Los “greeters” son personas que acogen a los turistas en su ciudad y les enseñan lugares que aprecian como lo harían con sus familiares. Yo formo parte de esta asociación desde varios años e intento participar a los juegos de pista que organizan una vez al año, para mantener el contacto entre los voluntarios.

Este año tocaba pasear por el distrito XIII. Los organizadores nos citaron delante de la iglesia Santa Rosalia, justo al lado de la estación de metro Corvisart. Yo fui a la cita sola, pero pronto me apuntaron en un equipo que bautizamos “los solistas”. Adoptamos a todas las personas solas y así pasamos de tres a siete personas.

El primer tramo del juego nos llevó al jardín René Le Gall en donde tuvimos que buscar dos dibujos creados con guijarros y sacarlos en foto.

Al salir del jardín, uno de los organizadores esperaba a los participantes delante del edificio del “Mobiliario nacional” con una prueba de cultura general: identificar los estilos de cinco muebles…

Luego fue preciso contestar a varias preguntas cuyas respuestas aparecían en los carteles dispuestos por el Municipio de París al lado de todos los lugares “interesantes”. Echamos un vistazo al “Castillo de la Reine Blanche” y al museo de los Gobelins, ubicamos una escultura de Rodin en la avenida, pasamos al lado de una famosa escuela de diseño gráfico y nos paramos un rato delante de una antigua relojería.

El juego nos llevó a otro jardín en donde dos organizadores nos esperaban con un crucigrama dedicado a Camille Claudel, Rodin y otros artistas.

A continuación, echamos un vistazo a “La Petite Alsace”, visitamos la villa Daviel antes de seguir rumbo a la calle de la esperanza.

En la colina de la «Butte-aux-cailles», pudimos admirar una impresionante muestra de arte callejero. También tuvimos que cantar “le temps des cerises” antes buscar dibujos de Miss’Tic, nombres de barres y detalles en las paredes.

Esta parte del recorrido se acabó en la plaza Verlaine, justo al lado de la fuente artesiana y de la elegante piscina del barrio.

Luego sólo quedaban unas cuadras para llegar al café en donde se celebraba el fin del recorrido.

¡Fue una tarde muy agradable!

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Patrimonio empaquetado y sin coches

Este fin de semana se celebraban las jornadas del patrimonio, pero una rápida mirada a las proposiciones de visitas me confirmó la sensación del año pasado: es preciso apuntarse con mucha antelación para ver los sitios “diferentes”. Total, renuncié a meterme en una larga fila de espera para ir hacia el arco del triunfo y admirar el vestido imaginado por Christo y Jeanne-Claude.

Por suerte una línea de autobús que te lleva directamente al Arco pasa al lado de mi casa. Controlé los horarios y el primer autobús del día me llevo a mi destino en menos de media hora.

Desde la avenida de Wagram, la silueta empaquetada del Arco se parecía a un fantasma… Pero al acercarme pude admirar más detenidamente la instalación.

Al llegar a la plaza de l’Étoile, constaté que no había tráfico automóvil en la rotonda y que varios madrugadores ya estaban contemplando el Arco empaquetado. Por supuesto, algunos vigilantes controlaban el acceso a la rotonda y fue preciso presentar mi certificado sanitario para acceder al recinto, pero luego pude pasear libremente en este espacio.

La instalación me pareció realmente impresionante y contemplarla a salvo del zumbido de los coches fue sumamente apreciable.

Entre los detalles que me divirtieron toca mencionar la placa otorgando el nombre de “plaza Christo y Jeanne-Claude” a la rotonda.

Pero después de dar la vuelta al Arco, preferí marcharme de la rotonda y perderme por el distrito XVI.

En este distrito adinerado, recorrí la larga calle Lauriston en donde se halla un antiguo Juego de palma, la reserva de agua de Passy y un edificio tristemente famoso como lugar de tortura de la Gestapo. Desgraciadamente, cuando pasé, todo permanecía cerrado.

Luego seguí varias calles de la colina de Chaillot antes de volver a las Campos Elíseos y de apreciar otra vista del Arco empaquetado.

Pasé el resto del día paseando por varias partes del norte de París, saboreando el beneficio de la ausencia (casi total) de tráfico automóvil, probando la nueva heladería libanesa que se instaló al pie del Sagrado Corazón y visitando uno de estos mercados de segunda mano que tanto me gustan.

¡Perfecto para cargar las pilas!

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Un ritmo casi normal

Se nota que se acabaron las vacaciones de los parisinos. Por la mañana, aunque viaje por el primer autobús de la línea, ya se ve mucho tráfico automóvil. Y al atardecer, hay gente por todas partes.

En la larga calle Saint-Maur, las numerosas terrazas acogen de nuevo a sus feligreses, sin mascarillas y sin espacio entre las personas, pero controlando (teóricamente) los certificados COVID…

Yo pasé un momento muy agradable en una terraza tranquila a unas cuadras de la entrada del cementerio del Père Lachaise. Vida de barrio, en una zona que empezó a atraer turistas cuando inauguraron el “taller de las luces”, en un antiguo sitio industrial.

Encontré la misma profusión de terrazas en las calles de la colina de Montmartre y en casi todos los barrios que visité: los parisinos necesitan aprovechar los últimos días del verano para lagartear y cargar las pilas.

Yo hice varios recorridos, a veces con lluvia, incluso en las afueras de la capital en donde descubrí algunas colecciones impresionantes de enanos de jardín, así como una suntuosa rosaleda en donde noté algunas variedades muy bonitas.

Pero la actividad más parisina de la semana ocurrió esta mañana, cuando pasé por la plaza de las abadesas en donde habían organizado uno de estos mercados de segunda mano que tanto aprecio.

Entre muchos otros objetos noté un biombo de cuatro paneles y el precio que me anunciaron parecía razonable. Evidentemente intenté regatear, pero la dueña no quiso bajar su precio y lo acepté cuanto más fácilmente que no era exagerado. A lo largo del kilómetro y medio del camino de vuelta, pude apreciar el peso del objeto. En cuanto a las gatas, ambas examinaron el objeto y aprobaron mi adquisición.

¡Hasta pronto!

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