Manifestaciones con llovizna

El sábado por la mañana, miré la lista de los mercadillos de segunda mano y dos acontecimientos me llamaron la atención. El primer mercadillo se hallaba cerca de la iglesia del muy adinerado barrio de Auteuil. El segundo estaba instalado en la calle de las escuelas, en el barrio latino, al pie de la Montaña Santa Genoveva. Confieso que me desanimó el largo trayecto necesario para visitar el primer mercadillo y preferí pasear por el barrio latino.

Desgraciadamente, la tarde empezó con una llovizna que desanimó a los paseantes y a los vendedores. Total, cuando llegué a la zona del mercadillo, algunos puestos seguían tapados y los dueños de otros ya estaban recogiendo sus tesoros.

Seguí caminando hacia el Instituto del mundo árabe, en donde un autobús me llevó a la estación de Lyon en donde había un atasco gigante.

Cuando llegué al cruce de la calle de Lyon y de la calle Daumesnil, vi una tropa multicolor de jóvenes participando a la Gay Pride parisina. Los socorristas me confirmaron que se trataba de la cabeza de la manifestación así que tuve ganas de quedarme un rato para admirar el desfile.

Había mucha gente, gritando, corriendo, alegre de participar al acontecimiento, pero no conseguí identificar los diferentes grupos.

Total, recorrí la avenida Daumesnil rumbo a la Puerta Dorada, para ver lo que llegaría luego y conseguí llegar a la plaza de los leones sin ver los camiones de sonido usuales.

Pero más adelante, noté uno de estos camiones, y al acercarme, constaté que había una larga fila de camiones y manifestantes esperando el arranque.

Había muy buen rollo en esta parte de la avenida ocupada esencialmente por asociaciones en la calzada y por los vecinos en las aceras.

Después de tantas músicas, me impresionaron los tres minutos de silencio em memoria de todos los muertos por Sida.

Más adelante, me paré para admirar una magnífica criatura.

Muchos kilómetros, pero también mucha energía…

Publicado en París | Etiquetado , , | Deja un comentario

Obsesiva canícula

Empezamos la semana con alertas por todas partes acerca de la llegada de varios días de canícula, esencialmente en el Sur de Francia, pero con temperaturas muy altas también en la región parisina.

El lunes y el martes seguí paseando por el distrito XIII, explorando la frontera entre una parte bastante antigua y la zona de la Gran Biblioteca, echando pestes contra las partes meramente minerales, pero disfrutando las partes sombreadas.

El miércoles fue cuando empezó la ola de calor con unos treinta grados de día y 25 de noche. En algunas partes de España, estas temperaturas parecerían muy suaves, pero en una ciudad tan densa como París, pronto se transforman en pesadillas. Entonces hice todo lo posible para proteger el piso de los ataques del sol y mantener una temperatura correcta para las dos gatas que viven conmigo. Pero aun así la temperatura interior subió a 26 grados.

El jueves y el viernes, puse trapos mojados en el balcón de hormigón para limitar el calentamiento, multipliqué las sesiones de coladas sin centrifugado para crear una sensación de fresco. Pero aun así la temperatura interior siguió subiendo.

Llevé la gata más peluda al peluquero de animales, lavé las cortinas, mojé todos los tejidos de la casa… y a duras penas sobrevivimos.

Por suerte esta mañana, una leve sesión de lluvia provocó una bajada de las temperaturas y la lluvia de la noche fue otro regalo del cielo.

Finalmente, esta lucha contra el calor consumó una gran parte de mi energía y con gustó me quedé en casa con mis mascotas.

Si se multiplican estas olas de calor tendré que contemplar la posibilidad de comprar un acondicionador de aire o aprender la danza de la lluvia.

Publicado en París | Etiquetado , , | Deja un comentario

En busca de los rentistas

«Debajo de la orilla», «Tierras del cura», «castillo de los rentistas», «jefe de la ciudad»: estas expresiones designan algunas calles que recorrí al pasear por una parte del distrito XIII que se halla entre los bulevares exteriores y la calle de Tolbiac. Me parecieron graciosas porque conllevan historias antiguas, pero no vi ni cura, ni jefe y mucho menos rentistas…

No se notan edificios de gran altura entre las construcciones que bordean estas calles, más bien algunos edificios haussmanianos, algunos inmuebles mas modestos y construcciones ordinarias para proporcionar alojamientos a la gente.

En medio de esta zona, también se ven algunas calles estrechas, bordeadas de pequeñas construcciones. En algunas partes, queda claro que las construcciones no resistirán al próximo programa de reforma de las viviendas. Pero también es importante que la gente que vive en las torres pueda soñar con un hábitat más cerca del suelo y pasear por estas sendas peatonales, con una sombra muy apreciable cuando anuncian más de 30 grados en las noticias.

También noté algunas construcciones que evocan las viviendas obreras del principio del siglo XX y varios comercios y locales perfectos para socializar.

Entre las cosas más asombrosas, toca mencionar el cubo de vidrio que alberga arquitectos y urbanistas asociados alrededor de Paul Chemetov. Escondido en un anodino callejón sin salida, a salvo del ruido de los bulevares exteriores y protegido del pequeño cinturón ferroviario por una barrera de bambúes, el sitio tiene mucho encanto, y la casa vecina te traslada muy lejos de París.

También me asombró la cantidad de zonas ajardinadas en donde los inquilinos y sus niños se quedan un rato al atardecer.

Confieso que, al pasar por algunas calles, pensé que podría abandonado mi querido distrito XVIII para pasar una temporada en otros lugares.

De momento, toca estudiar el resultado de la primera vuelta de las elecciones legislativas. Pero mañana seguiré paseando…

Publicado en París | Etiquetado , , , | Deja un comentario

De tiendas

Volví de mi pequeño pueblo de Borgoña con una lista de compras y una mañana libre para explorar varias tiendas.

El recorrido del día empezó en una tienda de baldosas que abre temprano porque cuenta con muchos artesanos entre sus clientes. Dos semanas atrás ya había visitado esta tienda y reservado unos productos, pero no sabía cómo llevar estos productos y de todas maneras, estaban perdidos en el fondo del almacén e inaccesibles sin desplazar varios elementos. Ese día yo tenía una carretilla de carga y con gusto volví a la pequeña calle adoquinada en donde se esconde la tienda.

En este mundo de profesionales, cuando compras baldosas, vienes con una furgoneta o un coche para recoger los productos. Y miran al peatón con carretilla como un extraterrestre. Sin embargo, me trataron muy bien, e incluso prepararon la estiba de la bolsa reuniendo más de cuarenta kilos de productos en la carretilla. Y superé dignamente la prueba de volver a casa con este cargamento.

A continuación, pasé por una de las tiendas del mercado Saint-Pierre y pude constatar que el ambiente entresemanas, poco después de la apertura, no tiene nada que ver con él de los sábados. Pocos clientes pero casi todos compradores, y dependientes muy amables porque saben que mejorarán las ventas del mes.

Más adelante, descubrí el almacén que mi tienda de bricolaje preferida había instalado cerca de La Madeleine. En este barrio adinerado, proponen productos que no tienen en otras tiendas y consideran que la clientela es capaz de arreglárselas con las cajas automáticas. Lo bueno es que me dio la oportunidad de pasar por la calle Royale y la plaza de la Concordia antes de entrar en el metro.

La última tienda de esta semana fue un restaurante que se halla al lado del ayuntamiento del distrito XI. Para una ensalada César con pollo, un vaso de vino, una botella de agua y  un café goloso, te cobran 34 euros, lo cual me pareció algo exagerado. Pero se halla en una zona muy apreciada del distrito XI en donde una parte de los habitantes puede pagar estos precios. Y  los demás escogen sitios más baratos o se quedan en casa…

Todas estas compras me confirmaron el alza de los precios que mencionan en las noticias y también que su percepción depende mucho de tu poder adquisitivo: renunciar a una cena en un restaurante no es tan difícil como encontrar el precio más barato de las pastas…

Pero también demuestran que el poder adquisitivo de los parisinos es bastante alto.

Ahora tendré que caminar por calles sin tiendas durante algunas semanas para ahorrar un poco 🙂

Publicado en París | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Ansias de naturaleza

Después de varios días seguidos de calor, muchos parisinos esperaban el puente de la Ascensión para marcharse de la capital, visitar a la familia y disfrutar alguna casa de campo.

La sociedad de ferrocarriles publicó informaciones acerca de esta situación, sugiriendo que los viajeros aplacen sus desplazamientos para evitar las horas puntas. Pero aun así, cuando llegué a la pequeña estación de Bercy, me impresionó la cantidad de personas escudriñando los carteles de los horarios de salida de los trenes.

Yo viajaba con las gatas así que preferí pagar un poco más para tener un asiento y espacio para las maletas de mis mascotas. Y al ver todas estas personas recorriendo el tren en busca de un asiento, no me arrepentí de este gasto extra.

Nada más salir del tren, las gatas y yo exploramos con gusto el jardín en busca de las nuevas flores…

Durante este fin de semana alargado, en mi pequeño pueblo de Borgoña, se notaba el ambiente de los días de vacaciones, cuando los que siguen viviendo en el campo acogen a los que viven en las grandes ciudades. Y como organizaban espectáculos en varios lugares del pueblo, había un ambiente bastante festivo muy agradable.

Otro cantar fue a la hora de volver a París.

Algunos viajaran en trenes repletos, otras madrugarán para viajar en coches, y muchos tendrán que controlar su capacidad de esperar en los ochocientos kilómetros de atascos anunciados esta noche.

Yo aproveché la flexibilidad del teletrabajo para volver a París mañana al atardecer. Mientras tanto, preparo la lista de tiendas que tendré que visitar 🙂

Publicado en Fuera | Etiquetado , | Deja un comentario