Experiencias veraniegas…

Mientras Paris Playa acogía a sus primeros visitantes, cité a mis amigos en el distrito XIX para probar un restaurante que varias personas comentaban muy positivamente.

Llegar allí fue toda una expedición ya que este sitio es relativamente mal comunicado. Pero aproveché el camino para contemplar el caos que provocan las obras de extensión del tranvía. Y luego exploré otro sitio que me deja muy perpleja.

Cuando por fín encontré el restaurante del día, constaté que llegaba temprano y me instalé en una zona que se parece a un pequeño salón bastante acogedor. Mis amigos llegaron poco después y pudimos pedir el aperitivo.

Ya empiezan a conocerme y ya saben que lo mio es experimentar. Pero creo que también aprecian las ideas improbables que suelto al azar. No se formalizan si no es un acierto y consideran que la fantasía de extraviarse compensa de sobra las pequeñas decepciones.

Eso nos pasó ese día. El sitio tenía buena pinta, buen ambiente, una cocina correcta y un precio razonable pero para nada merecía los comentarios elogiosos que había leido. Como siempre al juntarnos, pasamos un buen rato pero seguro que la próxima vez escogemos un sitio más céntrico.

El sábado tocaba seguir un itinerario para contemplar varias obras efímeras de los artistas callejeras Nemo, Mosko y Mesnager. No sé si fue pura vaguería o si las cuestas del distrito 20 nos rompieron las piernas pero ni siquiera llegamos a la mitad.

Por la noche, las arenas de Montmartre acogían el quinteto de Glenn Ferris para un concierto de jazz y de eso no me perdí ni un minuto. Escuchar este tipo de música en un lugar tan excepcional forma parte de las experiencias más agradables del verano.

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