Nuevas paradas en el barrio del Marais

Por fín pude escaparme de la oficina entre semana y aproveché esta tarde libre para descubrir lugares que no conocía.

Para empezar quise ver la exposición dedicada a la gran crecida de 1910 y así es como descubrí la galería de la biblioteca histórica del municipio de París.
Si la biblioteca ocupa un antiguo palacete, la galería se halla en el sótano de un edificio bastante moderno de la calle Malher. La instalación me pareció bastante acertada. Al nivel de la calle, un espacio de tamaño normalito permite acoger a los visitantes y presentar algunos elementos. Este nivel dispone de un amplio escaparate que ilumina la gran escalera que da acceso a la galería del sótano. Así que uno no pierde brutalmente el contacto con la luz natural.
Abajo un gran espacio alberga las exposiciones temporales.

La crecida de 1910 fue una auténtica catastrofe. No sólo porque el nivel del Sena subió de 8m50 sino también porque el agua invadió una parte considerable de la superficie de la ciudad. Al pasear por las calles de París, uno encuentra a veces marcas recordando el nivel de esta crecida in lugares muy alejados del río y la exposición dejaba ver una interesante colección de fotos, mostrando como los parisinos organizaron la supervivencia.
Barcos en los tuneles del metro, pasarela gigante en la explanada de los Inválidos, … Curiosamente, la isla San Luis no fue muy lastimada por la crecida pero el agua llegaba hasta la estación de Saint Lazare.
Por cierto, el agua no llegó hasta mi colina preferida.

Al salir de esta visita, un tímido sol de Marzo invitaba a instalarse en una terraza y así es como, al hablar con el camarero, me enteré de la ubicación del nuevo jardín instalado entre la calle des Francs-Bourgeois y la calle des Rosiers. Como ya podéis imaginarlo, fui a visitarlo.

Este jardín todavía no alcanzó su forma final pero la primera parte abierta al público ya tiene cierto encanto.
En realidad, se trata del jardín del palacete que alberga la Casa de Europa. Un gran césped rectangular, una alameda que da la vuelta, un rincon con juegos para los niños y bancos echados al azar para quien quiere disfrutar de la asombrosa tranquilidad del sitio y del canto de los pájaros.
Planean conectar este jardín con el de otra parcela con otra entrada en la calle des Rosiers.
Prometo presentarlo cuando este terminado 🙂

La única decepción del día ocurrió cuando constaté que la pastelería de la calle Rambuteau estaba cerrada. Pero siempre existen soluciones alternativas.

Y tras esta agradable tarde de paseo, pude superar los últimos días de la semana e imaginar los próximos recorridos.

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