Cultivando los contrastes

Esta semana me regaló varios paseos interesantes.
El miércoles pasé por la Butte aux Cailles (una tranquila colina cerca de la plaza de Italia) en medio día y constaté que a pesar de un sol muy agradable, la mayoría de las terrazas quedaban desiertas. En cambio había cola en el chino de la esquina que propone un menú por 7€, y yo conseguí un plato por 4€60…
Eso confirma una vez más que la gente no gasta tanto dinero como unos meses atrás.

Ese día, tras caminar varias horas, descubrí un centro budista en el distrito 10, justo al lado del canal San Martín. La instalación me pareció bastante acertada y pasé un agradable momento en el patio de esta asociación.
La doña que nos acogió nos contó que había organizado una meditación sobre el tema del apego y que había conseguido un gran éxito. Desde su punto de observación, ella también constata cierto malestar entre las personas…

Al día siguiente noté une impresionante reunión de barrenderos al lado del ayuntamiento. Según parece estaban manifestando, pero andaba con prisa y no pude enterarme del motivo de la protesta.

El sábado tocaba pasear por el mercado de las pulgas con unos visitantes colombianos.
Llevaba tiempo sin visitar estos mercados que tanto me gustan y constaté varias evoluciones. Así se ven cada día más tiendas dedicadas a vestidos de colección. También se nota cierta invasión de muebles de oficina de los años 1950.
Entre los hallazgos del día mencionaré un marco pequeño de madera esculpida, realizado al principio del siglo 19 en la región de Florencia. Me impresionó la fineza del trabajo y la ligereza del objeto. Pero el precio también impresionaba :-))))

Dediqué el resto del largo fín de semana a la exploración metódica de los «vide-grenier» de temporada.

La instalación de la Porte de Montmartre reunía los vecinos de estas viviendas sociales construidas en los años 1930. Se veían pocos objetos estupendos pero había muy buen rollo.

Pero la instalación que más me impresionó fue la que encontré en el bulevar de Charonne. El mercadillo se estiraba a lo largo de los 600 metros del terraplén central de esta vía arbolada, y en la parte sur, también ocupaba una de las aceras. Vecinos, comerciantes, pero también aficionados… A pesar de un tiempo nublado había muchísima gente y en algunos lugares experimentamos unos agobiantes atascos peatonales. Pero la cosecha merecía la pena: dos espejos, un marco, una chaqueta, un balón para pilates por menos de 20 euros…
Y la lluvía tuvo la cortesía de esperar que acabe la visita antes de llegar…

Ahora sólo falta encontrar un sitio para cada objeto… pero eso es otro tema. Luego os cuento.

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