Cambio parisino…

El pasado domingo, nada más escuchar los resultados de las elecciones, la gente empezó a llegar a la plaza de la Bastille.
Yo pasé un gran rato escudriñando los resultados en la televisión y en internet y caminé rumbo a la plaza sobre las 22.
¡Que de gente!
Resultaba casi imposible dar la vuelta de la misma plaza así que pasé por las callecitas de los alrededores y eso me dio la oportunidad de observar las reacciones de la gente.
Sobra decir que para todos los presentes, la eliminación de Sarkozy fue un auténtico alivio. Aparto las reacciones histéricas provocadas por las cámaras de tele. Entre los militantes de los partidos de izquierda, quedaba bastante claro que sólo se trataba de una etapa. Muchos jóvenes confesaban que era la primera vez que veían una victoria de la izquierda y lo disfrutaban con alegría. Pero también noté a muchas personas que acudieron para aprovechar el momento festivo sin ver más allá.
Volví a casa a medianoche y fue preciso esperar al día siguiente para conseguir los resultados definitivos.

París, ciudad de las luces, también es una ciudad «rosa»: Hollande consiguió un 55,6%, mi distrito le otorgó un 70% y mi manzana un 81%.
El lunes, tras las tensiones de los últimos días, se notaba un ambiente muy relajado en la capital.
El martes, día festivo, la gente seguía recuperando de la fiesta electoral.
El miércoles fue preciso volver a la cotidianidad…

En la parada de autobus llegó una mujer joven, vistiendo un largo vestido de verano, cuyo escote desaparecía debajo de un «cuello tortuga» negro, y tapando su pelo con un pañuelo supuestamente islámico. En la misma parada, un doña más anciana también llevaba un pañuelo islámico y al contemplar la moza no pudo resistir: empezó a explicarle varios conceptos relativos a la religión y le indicó que su manera de vestirse era inadecuada para una modesta musulmana…
Por una lado me hizo gracia pero por otro imagino que vivir entre dos mundos debe ser bastante complicado.

De momento seguiré cuidando mis plantas…

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