¡Veintisiete grados!

La meteorología francesa había anunciado una mejora del tiempo pero nadie imaginaba que tendríamos tanto calor, tan brutalmente.
El jueves por la mañana, París amaneció con un día gris entre neblina y llovizna. Tuve la tentación de renunciar a mi largo recorrido en velib pero como se acabaron las gotitas, aproveché un tiempo fresquito para mejorar mi velocidad 🙂

El sol apareció el jueves en medio día y al atardecer, se veía una cantidad increíble de parisinos invadiendo las terrazas para saciar sus ansias de sol.
Yo aproveché este tiempo agradable para controlar andando los progresos de las obras de instalación del tranvía y visitar algunas tiendas antes de volver a casa.

El viernes, quise estrenar mis dos semanas de vacaciones con un pequeño recorrido rumbo al mercado Saint-Pierre, al pie del Sagrado Corazón. Queda claro que ya empezó la temporada turística y en esta zona muy visitada, casi una persona de cada dos no hablaba en francés. Pero allí es donde se halla la tienda de un editor de objetos que aprecio mucho y necesitaba urgentemente unas pulseras de látex representando diablitos 🙂

Por la tarde tocaba visitar un piso con una amiga y constatar que incluso cuando uno traspasa las fronteras de la capital, encontrar una vivienda decente resulta una auténtica pesadilla.
Idas y vueltas bajo el sol… Por suerte no llegué a la quemadura 🙂

Hoy dediqué un gran rato a la preparación de mis maletas.
Me marcho mañana una semana rumbo a La Charité sur Loire en donde se celebra el «festival de la palabra» y una de las palabras elegidas para la fiesta es el verbo «twitter».
A ver como juegan con esta palabra nueva…

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