¡Veinticinco grados!

Algunos criticones dicen que los parisinos no son muy acogedores y que suelen poner caras de entierro. La verdad es que con este invierno que se alarga, la gente no sólo pone mala cara sino que también parece totalmente agotada. Y yo, como otros…
Por suerte esta semana me regaló varios momentos divertidos.

Todo empezó con intercambios de plantas…
El lunes fue cuando una colega me trajo un surtido de flores para mi balcón mientras me entregaban una colección de cactus en casa. Confieso que la diferencia de precio entre París y las afueras me pareció realmente exagerada (¡tres veces más caro dentro de la capital!). Al día siguiente, moví una planta desconocida de mi casa a mi oficina y en medio día, transporté otra planta entre mi oficina y la casa de una amiga.
Caminar con plantas resulta bastante divertido porque son muchas las personas que ojean y muy pocas las que se atraven a preguntarte el nombre de lo que transportas 🙂

El miércoles hice un largo recorrido entre la plaza Voltaire y la estación del Este con el pretexto de comprar una maceta de tela. Aproveché la circunstancia para explorar algunas calles secundarias que proporcionan espacios tranquilos para vivir. Luego crucé el canal Saint Martin cuyas orillas permanecen desiertas por el tiempo gris que tenemos ultimamente.

El jueves pasé por la estación Saint Lazare y constaté que el diseño de la sala de enlaces de la parte nueva evoca la fantástica basílica subterránea.

Aguantamos los días siguientes porque la meteo anunciaba un domingo super soleado y la verdad es que no se equivocaron.
¡Veinticinco grados! O sea una variación de 15 grados, así, brutalmente.

Mientras la gata adoptaba la postura más adecuada, yo escuché varias cifras que me asombraron. La mitad de los franceses gana más de 1800€ al mes y la gente considera que uno tiene una buena nómina cuando cobra más de 2683€ al mes. Pero aún así, dicen que el consumo disminuye.
¿Será que la gente se vuelve razonable ?

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1 respuesta a ¡Veinticinco grados!

  1. Ana dijo:

    Quien se atreva a decir que los parisinos no son acogedores es que no te conoce.
    ¡Que bonita debe estar París ahora! Y además, con calorcito… ¡Ay, quién estuviera allí!
    Mientra podemos encontrar el momento, no sabes como agradecemos que compartas con nosotros tus paseos.
    Te mandamos un beso.
    Ana y Manolo

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