Vida (casi) nocturna

Esta semana empezó con una grata sorpresa : uno de los periodistas, que suele defender el liberalismo económico, dedicó su crónica a deconstruir la idea equivocada según la cual los extranjeros tienen más asistencia social que los franceses. Queda claro que el hombre no cambió de doctrina y que quería esencialemente desacreditar a los líderes del Frente Nacional, pero esta aclaración me pareció muy oportuna 🙂

Aproveché una momento libre para visitar una de las tiendas de Pierre Hermé y comprar uno de los macarrones que más me gustan. Si recuerdo bien, en 2006, este pequeño capricho costaba 3€70. Esa vez me pidieron 5€50 o sea un aumento del 50%… ¡Por suerte sigue con un sabor estupendo!

Por la tarde, hice una largo recorrido con unos visitantes hispano-cubanos.
En la galería Vivienne los comerciantes ya habían instalado las decoraciones navideñas. En los jardines del palacio real, los árboles ya no tenían hojas. Pero todavía se veía a una pareja en uno de los bancos.

A lo largo de este paseo, mis compañeros me explicaron como se habían marchado de Cuba para instalarse en Madrid y llegamos a un acuerdo acerca de la definición de la democracia como sistema que da al pueblo la posibilidad de escoger a un nuevo mentiroso cada tanto.
También constaté que la luz del día no dura mucho y que a las 17, ya es de noche. Para quien trabaja como yo, desde las 8 de la mañana hasta las 5 y pico de la tarde, la vida fuera de la oficina es casi exclusivamente nocturna. 🙁

Esta semana también empezaron los encuentros del « Magreb de las Películas » y el cine de mi barrio albergó una de las sesiones. Tras una presentación del director de cine y de su intérprete principal, pudimos ver una película de 1971 que cuenta unos momentos de la vida de un joven escritor público.
A pesar de todas sus imperfecciones, esta obra deja ver la áspera vida de los inmigrantes procedentes de Argelía instalados en el barrio de la Goutte d’Or. Y al día siguiente, las imágenes seguían vivas en mi memoria.
Pasaron más de 40 años y rehabilitaron el barrio por completo. Pero la película demuestra que al fin y al cabo, pocas cosas cambiaron : el mercado sigue instalado debajo del metro, los jóvenes desocupados siguen reuniéndose en la esquina de la calle Caplat y se escuchan las mismas frases que rechazan al extranjero…
Espero con ansias la próxima sesión. ¡Ya os contaré!

Esta entrada fue publicada en París y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *