Saboreando las nuevas medidas

El pasado lunes, aproveché mi día de libertad para caminar por zonas que no suelo visitar y pasar por los jardines por fin abiertos.

En el parque Monceau, en el muy selecto distrito VIII, los céspedes no tenían el aspecto curado de siempre. Casi todos los bancos soleados del eje principal tenían su dueño, pero faltaban los grupos de niños, todos con el uniforme de su escuela privada. No me demoré y seguí rumbo al arco del triunfo por la avenida Hoche.

En la plaza de l’Étoile busqué la calle Victor Hugo por donde pasé hasta la plaza del mismo nombre. En esta zona del distrito XVI, todas las tiendas proponen productos de buen nivel, con los precios que acompañan. Pero bien se sabe que se trata de una de las calles comerciales del muy burgués distrito XVI. Cuando llegué a la plaza, preferí escaparme por la calle Copernic para volver a casa.

El martes fue el día de la reapertura de los bares con una actividad limitada a la venta de bebidas para llevar. Aun así, había gente por todas partes, con parisinos felices de volver a encontrarse con sus compañeros de barra.
Luego las normas se hicieron más leves y los bares y restaurantes consiguieron la autorización de instalar mesas en las aceras, pero exclusivamente hasta las 22. En algunos lugares, la distanciación física entre las mesas me pareció exageradamente reducida, pero en otros la instalación parecía correcta. Ya pude constatar en varias filas de mi barrio que el metro, a pesar de ser una unidad de medida internacional, tiene interpretaciones locales asombrosas…

Desgraciadamente, esta semana también se nos regaló episodios de lluvia y eso limitó los excesos en las terrazas.

Ayer, había gente por todas partes y en mi barrio, se veía la multitud de antes de la Covid. La buena noticia es que une parte importante de la población se acostumbró a llevar máscara. Pero todavía son muchos los que no retuvieron la regla de los cuatro M (lavarse las Manos, llevar Máscara, dejar siempre un Metro de distancia, y quedarse meno de un Minuto al lado de otra persona).

Ahora sólo falta esperar las cifras de contaminación. Con suerte, la Covid ya estará cansada y nos dejará disfrutar de las vacaciones.

Lo bueno de estas circunstancias excepcionales fue que, con el confinamiento y el teletrabajo, pude ahorrar bastante para comprarme una nueva gatita.
Y con las nuevas reglas de desplazamiento, hoy puedo viajar al centro de Francia para recoger esta belleza que se llama Reina.
¡Hasta pronto!

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