Disfrutando la ciudad mientras queda posible…

Las noticias de la pandemia no son muy buenas: las pruebas muestran un aumento de la proporción de gente positiva, hay más ingresos en los hospitales y también más muertos.

A partir del pasado lunes, los bares tuvieron la obligación de cerrar a las 22. Pero al atardecer, en algunos sitios, las terrazas seguían a tope de clientes, con jóvenes aglutinados, como si fueran burlándose del virus.

Los bares de mi calle respetaron la regla. Total, pudimos disfrutar una noche sin ruido y dormir tranquilamente. Pero, aun así necesitaba reconfortarme y el martes al atardecer, pasé por la tienda de Cyril Lignac, en la calle de Chanzy, para comprar y saborear un riquísimo pastel de avellana.

La lluvia reforzó la melancolía ambiente…

Ayer, aproveché un claro para visitar el 104 y empaparme de la energía vital que desprenden todos estos jóvenes que se instalan en la nave de este lugar para bailar y mejorar su técnica.

Luego pasé un rato en el 108, librería-restaurante escondida en un callejón sin salida de la avenida de Flandes.

Hoy tocaba visitar la exposición dedicada a Victor Brauner en el Museo de arte moderno de París. Lo bueno de la pandemia es que disminuyeron la cantidad de personas que pueden estar al mismo tiempo en la misma sala de exposición así que uno puede admirar las obras sin agobio. Además, las exposiciones de este museo suelen ser muy curadas…

Yo pasé hora y media explorando el universo de este artista, nacido en Rumanía, instalado en París, embarcado en la aventura surrealista antes de seguir por su propio camino.

Al salir de esta exposición, constaté con molestia que la estupenda terraza que reúne las dos alas del Palacio de Tokio fue invadida por un espacio de restauración. Ya no se puede tomar un café contemplando el Sena. Por suerte, los amigos que me acompañaban me enseñaron un sitio libanés muy correcto y eso compensó la decepción.

Luego aproveché un claro para caminar por los Campos Elíseos rumbo al Arco, contemplando de paso los escaparates de la acera Sur.

Luego seguí la avenida Hoche rumbo al parque Monceau. En el centro del jardín, los paseos en poni tenían mucho éxito entre los niños.

El chubasco ocurrió cuando ya estaba en la parada del autobús que me llevó a casa.

Mañana será otro día y bien veremos si cierran los cafés de nuevo… Yo seguiré escudriñando el programa de las exposiciones en la ciudad de las luces.

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