Un confinamiento paradójico

Esta semana tocaba pasar dos días en París. Tren del anochecer con poca gente, metro casi desierto… volver a casa resultó muy tranquilo, y con gusto llegué a mi refugio parisino.

El día siguiente, mi autobús de siempre me dejó delante del instituto.

Últimamente, pidieron que los empleados vinieran a la oficina de vez en cuando, para no perder el contacto con los colegas y con el instituto. Total, a lo largo de mis dos días de presencia, pude encontrarme con varios colegas que no había visto desde varias semanas.

Globalmente, toda esta gente vive la situación sanitaria y las obligaciones asociadas con pragmatismo: si fastidia la imposibilidad de hacer proyectos, bien saben que se benefician de una estabilidad profesional envidiable. Así que, al acabar el largo intercambio de noticias, pronto surgió la pregunta esencial del momento: ¿Cuándo tendremos que confinarnos de nuevo y cuánto tiempo durará esta nueva sesión de encierro?

Al anochecer, volví a casa caminando, parándome de paso en algunas tiendas, y constaté como en otras ocasiones que mucha gente no cumple con el toque de queda. Todavía se ven personas que se juntan delante de los bares cerrados, otras que se reúnen delante de las escuelas, y se nota en cada esquina las ansias de contacto.

Yo me marché de París el jueves por la noche y me enteré de las nuevas medidas mientras viajaba en un tren casi desierto.

Para empezar, anunciaron que la hora del toque de queda pasaría de las 18 a las 19 para todos.

Luego precisaron que los habitantes de la región parisina tendrían que quedarse a menos de 10 kilómetros de su casa y que no podrían viajar hacia otra región.  

El viernes por la noche anunciaron que muchos parisinos se marchaban de la región capital, provocando 400 kilómetros de atasco y saturando los trenes.

Comentando las nuevas noticas con unos familiares, constatamos que las autoridades recomiendan que los parisinos pasen mucho tiempo fuera de casa, lo cual constituye una forma algo paradójica de confinamiento exterior.

Aunque esta nueva forma de confinamiento resulte más leve que la de 2020, prefiero pasar estas semanas en mi pequeño pueblo de Borgoña y recorrer caminos sin contaminación mientras podemos hacerlo. 

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