Segunda semana de confinamiento paradójico

Esta nueva semana coincidió con el principio de las vacaciones escolares. Entre mis colegas, varias personas pidieron unos días para cuidar a sus niños. Otros solicitaron a su familia.

En mi pequeño pueblo de Borgoña, me encontré con varias parejas de ancianos, reclutados por sus niños para cumplir con su papel de abuelos, y algo despistados por la agitación que causa la nueva generación en su rutina cotidiana, pero globalmente felices de compartir estos momentos.

Yo pedí dos días para mejorar la instalación de mi pequeña casa de Borgoña y probar un andamio artesanal en el hueco de la escalera… Las obras progresan lentamente, pero algo es algo.

Ya llevo un mes lejos de París entre teletrabajo y caminatas por los campos. Cómo la librería local tiene esencialmente los libros del momento, tuve que pedir los que me interesan y no llegaron a la fecha anunciada. Mientras tanto, hago muchos progresos con los sitios de diseño de ordenación en línea.

Creo que necesito pasar un momento en la ciudad de las luces, pero de momento no se cómo justificar el viaje.

¡Continuará!

Esta entrada fue publicada en Fuera y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *