Cuarta semana de confinamiento paradójico

Lo bueno de estas largas semanas en mi casa de campo es que puedo contemplar el florecimiento de las plantas de mi pequeño jardín.

Esta semana, las campanillas blancas del muguete aparecieron y pude regalarlas a mis vecinos para celebrar el día internacional de los trabajadores. También aparecieron los primeros racimos de flores de la glicinia. Es la primera vez que puedo seguir la llegada de la primavera desde mi jardín y la verdad es que compensa de sobra los inconvenientes del teletrabajo.

El jueves por la noche, anunciaron el proceso de vuelta a la normalidad…

La primera fase empieza mañana, con la abolición de la restricción de los desplazamientos a una zona de treinta kilómetros. Así que podré hacer de nuevo legalmente idas y vueltas hacia la ciudad de las luces. Pero tendremos que esperar hasta el 19 de mayo para un toque de queda a las 21. Luego pasará a las 23 el 9 de junio y esta pesadilla se acabará a finales de junio. Por supuesto, todos estos anuncios también incluyen la condición suspensiva “si lo permite la situación sanitaria”.

A mi parecer, estas medidas alargan la larga lista de decisiones incomprensibles porque al mirar la situación de los hospitales y el número de personas que siguen en reanimación, percibir la mejora de la situación sanitaria resulta algo difícil. Pero supongo que eran imprescindibles para evitar disturbios…

La buena noticia de la semana es que ya tuve mi primera sesión de vacunación sin efectos secundarios, en la sala de fiestas de mi pequeño pueblo de Borgoña.

Ahora, sólo falta examinar el programa laboral de la semana y definir si permite un viaje a París…

¡Hasta pronto!

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