¡Paseando entre las obras!

Los azares de mis peregrinaciones parisinas me llevaron a tomar un aperitivo en la terraza de uno de los cafés que rodean Les Halles.
Llevaba casi un mes sin pasar por la superficie de esta zona y constaté que la parte en obras se extendió considerablemente. Así la calle Pierre Lescot perdió casi la mitad de su anchura y en las horas punta, se transforma en un caos de gente corriendo por todas partes. Varios comercios dejaron de existir y ahora sólo falta que empiece la demolición de los pabellones de Willerval. Por suerte no quitaron espacio a las terrazas así que podemos seguir cultivando cierto arte de vivir…

En el límite Este de París, la extensión del tranvía también necesita una gran zona de obras y eso provoca tremendos atascos. El otro día quise cruzar el bulevar exterior y no había otro remedio que caminar entre los coches o dar un gran rodeo. (os dejo imaginar mi elección…)

Y como si fuera poco, también se extiende la zona de obras a la línea 1 del metro ya que están preparando su automatización. Se extiende la instalación de puertas en los andenes de las estaciones y pude constatar que el sonido insoportable que se oía en la Porte de Vincennes, ahora también se escucha en Bastille…

Pero la semana también me regaló un agradabe almuerzo en una tranquila terraza soleada. Luego descubrí una pequeña mercería cuya dueña ya lleva 32 años combinando hilos. Curiosamente la doña todavía propone zurcir las prendas que lo necesitan y en esta sociedad cada día más consumista, eso resulta deliciosamente inadaptado.

También me regaló un tranquilo paseo por la zona de la Plaza de los Vosgos al anochecer. Constaté que había gente en casi todas las mesas instaladas bajo los soportales. Pasé un rato contemplando las novedades presentadas por las galerías de arte y descubrí una discreta calle que dispone de una pequeña plaza tranquila con terraza de restaurante incluida.

Ayer, había poco tráfico en las calles de París y son muchos los que se arriesgaron a pasear en bici.
De momento no volví a utilizar el velib pero no desespero…

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Preparando la temporada turística

El frío del pasado domingo me regaló el primer resfriado de la temporada y tuve que visitar al médico. Eso me dio la oportunidad de constatar que el eslogan «los antibióticos, no es automático» bien llegó al cerebro de los médicos. Ahora parece que te prescriben cualquier cosa menos antibióticos y al final constatas que tras una semana de tratamiento sigues con la toz del principio y que lo que tuvo más efecto no estaba en la receta…

Pero este resfriado no impidió que siguiera disfrutando la ciudad.

Se notaba la evolución de la temperatura en el autobus: cuando aumenta el calor, la gente abandona el metro para viajar en autobus. Pero cuando superamos los 20 grados, todos se ponen super nerviosos y las tensiones se vuelven evidentes.
El viernes y el sábado se añadía un problema extra: el principio de las vacaciones escolares.
Mientras tanto, la asociación de los parisinos consiguió un nuevo artículo en la prensa gratuita con la idea de atraer a más voluntarios ya que con los 200 de ahora no podremos atender a todos los turistas que piden un paseo alternativo. Y menos con Semana Santa que llega en nada…

Ayer hice un largo recorrido que empezó en la colina de la Butte aux Cailles.
El primer rayo de sol da a la colina un encanto especial y para quien pasa por allí en medio día, resulta evidente que en algunos lugares de París la vida debe de ser muy muy suave.
Luego pasé por varias avenidas, visité varias tiendas y los precios me quitaron las ganas de comprar cualquier cosa.
Mi cómplice del día me abandonó en la plaza de la Bastille y otro amigo me enseñó un pequeño jardín con rosaleda incluida que no conocía.
Y tras este largo recorrido, con gusto volví a casa para descansar un poco.

Hoy tocó otro paseo por la muy tranquila avenida Trudaine en donde organizaban lo que siguen llamando «vide-grenier’. En teoría son los vecinos los que tendrían que presentar sus trastos en la acera para venderlos. Pero en realidad se trata de anticuarios y comerciantes que presentan su mercancía en la calle.
Sobra decir que no compré nada pero el ambiente en este tipo de manifestación siempre es bastante agradable.

Los turistas ya llegaron en la ciudad de las luces.
A ver si me toca algún paseo durante semana santa :-))

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¡En Abril no te destapes ni un hilo!

Ya se acabó el mes de Marzo y sus chubascos y ahora estrenamos el tramposo mes de Abril.

El viernes por la tarde tuvimos un tiempo muy agradable, ideal para meterse en un largo recorrido con pausas en varias terrazas.

De paso visité uno de estos sitios alternativos que tanto me gustan y lo enseñé a un amigo. La Casa XXI se define como un concepto, un terreno habitado en donde convergen acciones ciudadanas durables. Y la verdad es que este sitio desprende un ambiente realmente diferente.
El primer lugar reune varias tiendas en una calle residencial del distrito 18. En estas tiendas venden los productos que colectaron, clasificaron y prepararon para la venta. El segundo lugar cuenta con una tienda en donde acogen a la gente que quiere dejar objetos, y con otra tienda en donde venden los objetos reciclados.
Yo visité las tiendas de venta por casualidad y constaté que proponían objetos de todas clases, globalmente muy baratos. Por cierto es preciso ir con tiempo y mirar detenidamente para aprovechar una ganga, pero por lo menos permite encontrar objetos usuales por cuatro duros.
Luego quise controlar el horario de las tiendas en internet y así es como me enteré del proyecto.
Ahora formo parte de las personas que dejan objetos por un lado y compran otros por otro lado de vez en cuando.
Entre las cosas singulares que noté en este sitio, toca mencionar los productos reciclados con un toque artístico. Despista constatar que las teclas de tu vieja computadora permiten crear un marco bastante original, y no os hablo de la última actividad de la casa: el reciclaje de bicis…

El mismo día visité el antiguo cine en donde instalaron una zapatería.
En esta tienda encuentras mostradores con zapatos del pie izquierdo, muy baratos de precio, y si te interesa algún modelo, pasas por la taquilla en donde te dan el zapato del pie derecho cuando pagas. Por cierto, resulta complicado probar los zapatos… Pero como la mayoría de los modelos cuesta entre 5 y 20 euros, tampoco es tan grave.
Yo busqué metódicamente una fantasía de temporada pero no encontré. En cambio mi amigo consiguió mocasines muy presentables por 10 euros.

Al día siguiente, Abril se disfrazó de verano y pudimos sacar las prendas ligeras de los armarios.
Para empezar, visité de nuevo una terraza soleada al lado del Père Lachaise para almorzar. Y luego seguí en busca de los zapatos del momento.
Hicimos muchos kilómetros, otra vez con varias pausas en varias terrazas, pero al final encontré lo que buscaba… muy cerca de mi casa :-))))

Hoy el tramposo mes de Abril se nos quitó casi 10 grados y nos regaló una discreta llovizna. Por fín probé el velib y conseguí una bonificación de 15 minutos porque dejé la bici en una de las estaciones de altitud de Montmartre…
A ver si lo uso otra vez la semana que viene.

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Santa distracción…

Faltó poco para que el tema del velib se transformara en pesadilla…
Tras el contacto con el servicio técnico y la entrada del número de mi tarjeta Navigo la pasada semana, este sábado intenté sacar una bici en una estación.
Pasé la tarjeta en el soporte de una bici pero la lucecita no llegó al color verde que permite sacar la bici. Y en el terminal de la estación no conseguí informaciones particulares…

Entonces metódicamente caminé rumbo a otra estación para probar en otro sitio. Pero en este momento mi tarjeta navigo había desaparecido y pensé que la había perdido en camino. Así que vuelta a la primera estación en donde constaté que la tarjeta se había perdido… en el fondo de mi bolso…
Repetí el trayecto y constaté que en la otra estación tampoco conseguía sacar una bici. Entonces quise llamar el teléfono de asistencia que aparece en el terminal pero te piden tu número de abono y el que mencioné resultaba desconocido…

Total volví a casa y pude hablar con una operadora muy amable. Cuando le comenté mi problema, sugerió que volviera a la estación para aceptar las condiciones generales de venta. La recomendación provocó mi perplejidad pero quise intentar y baje a la estación al pie de mi casa.

Así es como me di cuenta de que el terminal tiene dos caras: una para los clientes de paso, otro para los abonados. Siempre había presentado mi tarjeta en la cara de los clientes de paso y, por supuesto, siempre conseguía un mensaje incomprensible…
Esta vez me enseñaron las condiciones generales de venta y pude aceptarlas en el terminal. Y a continuación pude sacar una bici que devolví inmediatamente…
Lo que no me explico es el porque de aceptar esas CGV en el terminal cuando tienes que proporcionar un sinfín de papeles para conseguir el abono… Pero ahora por fín funciona mi abono.

La verdad es que no sé si lo utilizaré mucho porque también recuperé la bici que tenía guardada en el sótano de unos amigos.
Experimenté de nuevo los carriles de bici y el hecho de compartir las calles en medio de los atascos y es una actividad que necesita bastante atención. Así que no lo veo muy compatible con mi distracción de siempre.
Ya os contaré…

Además si tuvimos una semana muy agradable con un sol primaveral muy alegre, anuncian lluvia para los días que vienen.
Así que aplazaré los demás experimentos…

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La primavera de los poetas

Charlando en la esquina de la calle me enteré de un acontecimiento organizado en un lugar alternativo para celebrar la primavera de los poetas y tuve ganas de asistir a este momento. Así es como aprendí todos los detalles para llegar a este sitio que no conocía.
El sitio se llama el teatro de vidrio y se halla al lado de los carriles de la estación del Norte. Cuenta con varias naves de tamaño medio y sospecho que en otros tiempos albergaba talleres. Ahora propone un espacio bar, dos salas grandes y un estudio.
También dispone de varias mesas en el patio y con un rayo de sol regala una manera muy agradable de perder el tiempo.

Entre los diferentes momentos planeados este día yo quería ver el proyecto de dos músicos europeos y de un bailarín africano para contar el viaje sin vuelta posible de un africano rumbo a Europa.

Como uno podía imaginarlo, la sala de espectáculo no consiguió las autorizaciones para acoger al público. Pero si te haces socio de la asociación que controla este sitio privado, todo es diferente y puedes entrar sin problemas… (curiosidades del derecho en Francia…)
Así que me registré y pude entrar en la gran sala.

La sesión de danza me gustó muchísimo porque expresa a través de la música y de la torsión del cuerpo todo el sufrimiento que conlleva el destierro. La colaboración entre músicos y bailarín me pareció todo un acierto y su manera de comentar sus intenciones al final de la prestación también me interesó.

A continuación proponían lecturas poéticas y pudimos escuchar cuatro autores con estilos, intenciones y presencias muy diferentes.
Luego aproveché la pausa del aperitivo para seguir otros caminos pero este momento me dio ganas de volver a este sitio.

Experimenté otro tipo de poesía con mi abono de velib.
Ingenuamente pensé que como ya había comunicado mi número de tarjeta de transporte al apuntarme, sólo tendría que activar la cuenta en la web antes de presentarme en la estación para conseguir una bici.
Desgraciadamente no fue así. Como no funcionaba pedí a la usuaria que pasaba por allí y tras presentar la tarjeta en el terminal, constaté que no se veía mi abono.
Entonces volví a casa, controlé mi cuenta y constaté que no conocía la referencia de mi tarjeta de transporte. Entré el número de abonado y esperé 24 horas para que validen el cambio pero la siguiente prueba resultó tan negativa como la primera.
Luego, indagando en la red constaté que el número esperado no es el número de abonado sino él de la tarjeta que aparece en el reverso de la tarjeta…
Otro cambio, otro ensayo, otro fracaso.
Al final llamé al servicio velib y tras explicarme que no había conexión entre la web que todos miramos y el sistema de gestión, registraron mi número y me confirmaron que no había otra opción que llamarlos…
Si escuchar eso me tranquilizó en cuanto a mis capacidades de adaptación a la modernidad, también me quitó las ganas de probar de nuevo…
A ver si supero la perplejidad y consigo hacerlo esta semana… Luego os cuento.

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