Sábado en el museo

Es el último fín de semana antes de la celebración de Navidad. Imaginamos la frenesí de las últimas compras en los almacenes y decidimos dedicar la tarde a una actividad a destiempo: visitar un museo.

La verdad es que ya llevo unas semanas destacando algunos carteles publicitarios en el metro y en la calle y resulta que cuando los miré más detenidamente, constaté que todos se referían a una exposición en el Museo Maillol. Así que allí fuimos.

Este museo se halla en la muy selecta calle de Grenelle y cuando llegamos no había mucha gente. En la planta baja una primera sala alberga varias estatuas y da acceso a la gran sala de las exposiciones temporales.
Aquí estaban casi todas las obras de la vanguardia rusa que quería ver.
Luego, tras esta primera exploración, seguimos la visita en la primera planta.
Y ya que estábamos allí, subimos hacia la segunda planta en donde presentaban otra exposición temporal dedicada a Seraphine.

Entre todas las obras expuestas y si aparto la exposición rusa, pocas son las que realmente me gustaron. Pero aún así me impresionó la calidad de las iluminaciones.
Todas las obras se beneficiaban de esta cuidadosa instalación pero algunos cadros ganaban una vida asombrosa.

Acabé esta visita con una impresión curiosa. Comparado con otros sitios, el museo Maillol no es muy grande y el precio de la entrada me pareció relativamente caro. Pero la manera de presentar las obras lo compensa de sobra.
Ahora sólo falta estudiar el programa de las exposiciones y escoger la próxima visita.

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Un sitio decepcionante

Unas semanas atrás tomé una copa en la terraza de un pequeño restaurante al salir de un concierto. Ya no era hora de cenar y por la pinta que tenía por dentro quedamos con la idea de probarlo un día y eso pasó el pasado viernes.

El sitio se llama el refectorio y se halla en el bulevar Richard Lenoir, muy cerca del Bataclan.
Desde fuera destaca por la forma muy moderna de las lamparas que decoran el techo y una vez dentro varios detalles completan la decoración por el mismo camino.

Llegamos sobre las 20 y la chica que nos atendió nos preguntó si teníamos reserva. Cuando contestamos que no, nos instaló en la mesa más cercana de los servicios, lo cual resultó sin consecuencias notables.

Tras escudriñar la carta decidimos pedir plato y postre, con un vino recomendado por el camarero colombiano para acompañar.

Si mis compañeros lo pasaron relativamente bien, yo acumulé las malas elecciones. La ternera rellena no era muy sabroso y el arroz que acompañaba, mezclado con queso (¡vaya idea!) me pareció incomible. En cuanto al postre, el pastelito de chocolate era muy seco y la cantidad de crema de café no permitía compensarlo.

Mientras tomamos el café valoramos lo que habíamos comido y llegamos a un escaso promedio de 7,4/10.
Si añado que el plato cuesta entre 14 y 18€ y que el postre ronda los 8€, queda evidente que este sitio no merece otra visita.

Y llegamos a la misma conclusión: ¡No es todo el diseño!

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¡Una idea estupenda!

Atravieso muy a menudo la gran sala de los enlaces en la estación Les Halles.
Es un espacio curioso, bastante amplio, en donde unas estructuras cilíndricas sirven de pilares o albergan las escaleras que dan acceso a los andenes. En horas punta es un caos de gente pero en momentos más tranquilos este lugar de tránsito no es muy agradable, y por la noche puede resultar incluso inquietante.

Esta semana constaté que habían abierto un daily monop. Estos comercios no tienen la extensión de los Monoprix estándares pero en un espacio reducido proponen una selección acertada de los productos alimenticios necesarios para la supervivencia cotidiana.

Instalar esta tienda en la sala de los enlaces me pareció una idea estupenda por varias razones.
Primero porque basicamente te permite encontrar sin extraviarte el detalle que te hace falta para preparar la comida.
Luego porque al enfocarse en productos de alimentación recuerda a los fantasmas que rondan por estos lares que también son seres de carne y huesos con necesidades tan elementales como comer.

Al final llego a preguntarme si son tan indispensables las obras faraónicas imaginadas para el forum y si devolverle algo de humanidad no es tan sencillo como apoyar la instalación de tiendas tan evidentes como un panadero, un frutero, …

A ver si la presencia de este monop cambia algo en el ambiente de la gran sala de los enlaces…

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Distrito 15: ¡Hecho!

El distrito 15 no forma parte de los que prefiero pero como nuestro librito cuenta un paseo por distrito, alguna vez teníamos que pasar por allí.

A pesar del frío el día empezó bien. Tomamos un café en un antiguo bar a la salida del metro La Motte-Piquet Grenelle y su estilo de otra época nos gustó mucho. Luego tocó enfrentar el frío y empezar el recorrido.

Pasamos por la calle del comercio, ideal si quieres ir de tiendas, antes de perdernos por varias calles cuyo interés no me pareció evidente.
Descubrimos el viejo Hospital Boucicaut y sus asombrosas chimeneas antes de seguir callejeando rumbo al parque André Citroën.

Este parque merece indudablemente una exploración profundizada. Pero por el frío la mayoría de las fuentes no funcionaba y eso le quitaba una parte del encanto. Tampoco pudimos entrar en el invernador y admirar las plantas que alberga. Total tendré que volver por allí.

Seguimos caminando por la calle des Cévennes y llegamos a la calle Saint Charles en donde encontramos un restaurante acogedor. Tras una comida reconfortante, pudimos retomar el camino rumbo a la estatua de la libertad que adorna la isla de los cisnes.
A continuación descubrimos el emplazamiento del velódromo de siniestra memoria y la iglesia San Leon.
Terminamos explorando le Village Suisse y sus tiendas de antiguëdades.

Celebramos el fín del camino en el café de la mañana, lamentando una vez más que el autor del librito haya evitado (casi) con método todos los lugares interesantes…

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Y los días siguen menguando…

Esta semana oscilamos entre lluvia y frio y eso no da ganas de meterse en largos recorridos. Así que sólo hice micro-paseos.

Atravesé el cementerio del Père Lachaise pero ya no tenía los colores cálidos del otoño. Entre el cielo nublado y la escasez de luz renuncié a sacar más fotos pero por lo menos encontré una pista para hablaros un día de este universo tan especial.

Visité el gran almacén del ayuntamiento y constaté que todo está listo ya para la histeria consumista de Navidad. Tendré que sacar algunas fotos de las iluminaciones…

Cada día al despertar, cuento los días que nos separan del solsticio de invierno pero mientras tanto los días siguen menguando.
Las gatas, muy listas, siguen durmiendo encima de los radiadores.

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