Veranillo…

Los azares de mis peregrinaciones me llevaron hasta la orilla del Sena al anochecer.
Si se acabó París playa, se nota la voluntad de dejar que los parisinos tengan acceso al rio. Cuando pasé por allí, varias personas estaban disfrutando una noche muy suave en el pequeño jardín que se halla entre el rio y la carretera, en frente de la isla San Luis. Y constaté que varios semáforos ya permiten el paso de los peatones. La orilla derecha sigue dedicada al tráfico automóvil, pero varias instalaciones ya contribuyen a reducir la velocidad de los coches. ¡Algo es algo!

Yo aproveché este tiempo muy suave para recorrer una gran parte del bulevar Voltaire y constaté que muchas tiendas permanecían cerradas por las fiestas judías. Pero encontré en la calle de la roquette, una terraza muy acogedora en donde pasé un momento muy agradable.

Ayer pasé un largo rato explorando los mercadillos instalados en el terraplén del bulevar de Rochechouart por un lado y en las aceras de la calle Trudaine por otro.

El primero, abierto a los vecinos, me pareció menos concurrido que en otras ocasiones. Menos vendedores, menos compradores… fue un recorrido muy agradable, ojeando tranquilamente las diferentes muestras.

En la calle Trudaine se trataba de un mercadillo de profesionales. Volví a ver varios de los vendedores que había notado la pasada semana en el bulevar Beaumarchais, pero la selección de productos y la manera de presentarlos me pareció levemente diferente. Eso se explica por las características socioeconómicas que los vendedores atribuyen a los vecinos de este barrio. Como me lo contó uno de ellos el pasado domingo: «En la calle Trudaine, se ven más bobos que por aquí»…
Pero la verdad es que la gente no compra piezas importantes y cuando pasé, los vendedores no parecían muy eufóricos, y eso que había sol…

Hoy se acabó el veranillo…
Pasé un rato en el mercado Dejean, en donde un viejo camarada distribuía folletos.
En esta zona de seguridad prioritaria, las compañías republicanas de seguridad jugaban al escondite con los vendedores callejeros. Pero no notaron el coche con matrícula del cuerpo diplomático que cortaba la entrada de la calle Dejean…
Mañana será otro día…

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