Regreso

Al salir de la estación de Bercy, tuve la grata sorpresa de encontrar un taxi enseguida así que me libré de las molestias del viaje en metro. Luego mi primer día parisino fue totalmente dedicado a poner todo en orden antes de volver a trabajar.

El martes por la mañana, retomé el camino de la oficina en bici y si el tráfico automóvil me pareció más importante que en agosto, tuve la sensación que mucha gente todavía estaba de vacaciones. Otro cantar fue el jueves por la mañana, cuando empezaron las clases y de momento dejé de usar las “Velib”.

Mis primeros días en la oficina no me dejaron mucho tiempo para recorrer la ciudad, pero el sábado pude ponerme al día.
Este día tocaba hacer un recorrido por el centro de París con una pareja mexicana, desde la zona de la ópera, rumbo a la plaza de la república. Así que tuve la oportunidad de mirar las evoluciones a lo largo de este recorrido.
Por un lado, están reformando el suelo de la galería Choiseul, por otro acabaron la reforma de un parte de la galería Vivienne. En el centro de París, desmontaron une parte de las casitas prefabricadas que albergaban los obreros. Si todavía no podemos admirar la perspectiva entre el bolso del comercio y la Canopea, se nota que entramos en la última fase de las obras.
Acabamos en el mercado de los niños rojos, a tope de clientes por el tiempo soleado.

Mientras compartíamos un té de menta, mis acompañantes evocaron lo que querían visitar antes de marcharse de París el martes por la mañana y entre otras cosas mencionaron la colina de Montmartre. Me caían bien y no tenía prisa así que propuse un traslado rumbo a Montmartre en autobús.

Empezamos el recorrido en la zona de tiendas de tejidos antes de pasar por la calle de las abadesas y de subir y bajar para descubrir varios detalles. Tuvimos suerte porque cuando pasamos al lado de la tienda de Larher, la dependiente estaba limpiando el suelo, pero me atendió y me proporcionó una interesante muestra de lo que produce este pastelero.


Por lo visto mis acompañantes apreciaron y, después de ensenarles otros rincones de la colina, les abandoné en la puerta del Sagrado Corazon.

Cuando llegué a casa mi podómetro anunciaba 34045 pasos. ¡Una marca!
Y una muy buena manera de volver a encontrar esta ciudad.

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