Veranillo

Esta segunda semana parisina resultó bastante provechosa.

Entre los diferentes recorridos que me llevan a casa, hay uno que pasa por varias tiendas de una cadena de comestibles bio y el lunes al atardecer, visité una decena de tiendas para encontrar una variedad de pan que me gusta mucho.

Otro recorrido pasa por la calle Léon Frot, en el distrito XI, y allí es donde encontré una tienda “vintage” con una interesante colección de lámparas de techo. Resulta que, en el largo proceso de acondicionamiento de mi casa de Borgoña, surgió el tema de encontrar una araña y no pude resistir.

El dueño, muy amable, me enseñó toda la colección con detalles acerca de los diseñadores o la época de fabricación. Y como siempre en estos casos, después de dar vueltas y vueltas, llegué a la lámpara que me llevó a entrar en la tienda. Para evitar una compra impulsiva, apunté todos los detalles y me marché. Por la noche, todos los amigos consultados aprobaron mi elección y, al día siguiente, volví a la misma tienda para pagar y recoger este objeto.

Ayer, confieso que no me alejé mucho de mi barrio de siempre. La vuelta de los chalecos amarillos en las calles de París y las declaraciones del ministro del interior me quitaron las ganas de pasear por las calles al azar. Di un paseo al atardecer y constaté que en casi todas las terrazas había muchísima gente, como si la gente fuera recuperando las noches de primavera perdidas por culpa del confinamiento.

También organizan de nuevo, en varias zonas de París, estos mercados de segunda mano que permiten intercambiar prendas y otros trastos.

Hoy pasé por un mercado instalado al lado del ayuntamiento del distrito XIX y constaté que, por causa de la situación sanitaria, habían organizado un sentido de recorrido con flechas y vigilantes. Así que no hubo atascos peatonales.

Cerca de la dársena de la Villette, pasé por una calle en donde artistas callejeros estaban dibujando en una larga pared. Yo me paré un rato y me gustó este dibujo rebelde cuyo personaje viste todos los equipos de protección sanitaria…

Luego visité otro mercado, cerca del canal Saint-Martin, en donde la organización no era tan estricta como en el distrito XIX. En este sitio, noté una gran variedad de productos, pero resistí sin problemas a las pocas tentaciones.

En el mismo barrio, visité una tienda de plantas baratas, justo al lado del canal. Yo sospechaba una estafa y efectivamente te atrapan anunciando precios inferiores a 10 euros, pero cuando miras las estanterías, ves sobre todo precios entre 15 y 30 euros.

Cuando volví a casa, las gatas estaban sesteando y a duras penas resistí a las ganas de imitarlas😊

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