Una tarde en Montmartre

La asociación de los Greeters de París volvió a proponer paseos a los turistas en busca de visitas alternativas, y a mí me tocó acompañar a una joven pareja procediendo de Guadalajara (España).

Aparecieron en el terraplén central de la plaza Pigalle a la hora en punto, a pesar de la lluvia, y a partir de allí empezó el recorrido de subidas y bajadas por la colina de Montmartre.

Yo llevaba mucho tiempo sin recorrer este itinerario y confieso que varios detalles me decepcionaron. En la plaza de las Abadesas, la presencia de un pequeño mercado de Navidad fue une grata sorpresa. Pero en la iglesia Saint Jean no encontré las puertas de una antigua capilla que representaban los siete pecados capitales.

Mis paseantes no conocían la película “Amélie”, así que no pudieron reconocer los lugares de la historia. Pero apreciaron los molinos y la vida de la calle Lepic.

Otra decepción surgió en la callecita Marie Blanche ya que ahora una barrera impide admirar la fachada de la casa neogótica que se halla en el número 7. Pero seguimos rumbo a la calle Caulaincourt en donde hicimos una parada en la tienda de Arnaud Larher para probar algunos productos. ¡Siempre mola compartir un momento así con gente que aprecia los pasteles!

Seguimos rumbo arriba, admirando de paso las casas, las estatuas y algunas perspectivas pintorescas. Después de una última bajada hacia el “Lapin Agile”, un último esfuerzo nos llevó a una plaza del Tertre, despejada de las terrazas de bares y restaurantes, con algunos artistas dibujando retratos impresionantes.

Luego entramos en el Sagrado Corazón en donde los altavoces reclaman periódicamente el silencio para no molestar a las pocas personas que están rezando (pero el ruido de las monedas en el distribuidor de medallas no molesta…).

Y acabamos contemplando la ciudad e intentando de identificar algunos monumentos.

Finalmente los dejé disfrutar a su ritmo del encanto de la colina y me marché cuesta abajo.

Me alegró constatar en los ojos de mis paseantes que Montmartre desprende un encanto especial. Pero también noté, aquí o allí, que algunas tiendas redujeron su superficie mientras otras permanecen cerradas.

No sé si los comercios de la zona turística podrán superar una quinta ola de Covid…

Esta entrada fue publicada en París y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta