Ansias de naturaleza

Después de varios días seguidos de calor, muchos parisinos esperaban el puente de la Ascensión para marcharse de la capital, visitar a la familia y disfrutar alguna casa de campo.

La sociedad de ferrocarriles publicó informaciones acerca de esta situación, sugiriendo que los viajeros aplacen sus desplazamientos para evitar las horas puntas. Pero aun así, cuando llegué a la pequeña estación de Bercy, me impresionó la cantidad de personas escudriñando los carteles de los horarios de salida de los trenes.

Yo viajaba con las gatas así que preferí pagar un poco más para tener un asiento y espacio para las maletas de mis mascotas. Y al ver todas estas personas recorriendo el tren en busca de un asiento, no me arrepentí de este gasto extra.

Nada más salir del tren, las gatas y yo exploramos con gusto el jardín en busca de las nuevas flores…

Durante este fin de semana alargado, en mi pequeño pueblo de Borgoña, se notaba el ambiente de los días de vacaciones, cuando los que siguen viviendo en el campo acogen a los que viven en las grandes ciudades. Y como organizaban espectáculos en varios lugares del pueblo, había un ambiente bastante festivo muy agradable.

Otro cantar fue a la hora de volver a París.

Algunos viajaran en trenes repletos, otras madrugarán para viajar en coches, y muchos tendrán que controlar su capacidad de esperar en los ochocientos kilómetros de atascos anunciados esta noche.

Yo aproveché la flexibilidad del teletrabajo para volver a París mañana al atardecer. Mientras tanto, preparo la lista de tiendas que tendré que visitar 🙂

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Enfrentando una primera ola de calor

Siempre se aprecian los primeros rayos de sol de la primavera, pero últimamente el sol exagera un poco y ya llevamos varias semanas con pocas lluvias y temperaturas superiores a 20 grados, incluso de noche.

Por suerte, trabajo en un edificio de alta calidad medioambiental en donde tenemos una temperatura constante de 19 grados. Y varios colegas renunciaron temporalmente al teletrabajo para disfrutar esta comodidad. Pero cuando se acaba la jornada laboral, es preciso enfrentar el calor de la grande ciudad.

Si seguí paseando al atardecer, confieso que escogí casi siempre las aceras con sombra y, de paso, encontré algunos oasis urbanos en donde la temperatura es más fresca.

Tuve una primera sorpresa en el distrito XIX, al pie de un edificio cuya fachada se parece a un jardín vertical: en la acera se notaba el fresco creado por esta vegetación. Diseñado por la agencia Mac Architecture, el edificio alberga un hotel de 62 habitaciones que se llama “la belle ville”.

Más adelante, el gran parque de las “Buttes Chaumont” también proporciona una temperatura más fresca y se nota incluso al recorrer la calle Botzaris que bordea su parte superior. Son muchos los parisinos que se instalan en los céspedes. Yo prefiero contemplar la parte norte de la gran Ciudad.

Tuve otra grata sorpresa en el distrito XIII, al recorrer la larga avenida de Choisy. En esta calle bordeada de edificios de gran altura, varios alineamientos de tilos protegen el paseante del sol.

Más adelante, en la parte baja de la calle Mouffetard, varios árboles protegen terrazas de bares y restaurantes. Para los vecinos de esta zona, la vida parece bastante suave. 

Por los precedentes episodios de canícula, ya instalé persianas que protegen mi piso del sol directo. También instalé ollas de barro en las macetas de mi balcón para regar las plantas sin malgastar el agua. Y así consigo que mi piso parezca casi fresquito cuando vuelvo de un recorrido por las calles parisinas.

Al pie de mi balcón, los jardineros de la ciudad instalaron un peral ornamental, pero tendré que esperar todavía varios años antes de beneficiar de su sombra.

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Paseando como “Greeter”

Hace mucho tiempo que no llevo a algunos turistas a una de estas zonas que tanto me gustan. Entonces cuando la asociación de los parisinos me transmitió la demanda de una pareja de treintañeros, propuse enseguida un recorrido por el mercado de las pulgas y estos viajeros aceptaron. Nos acordamos para quedar a las doce y yo propuse que el punto de encuentro este al pie del corazón rojo que “adorna” la puerta de Clignancourt.

Yo llegué temprano y mientras acababa mi bocadillo, pude constatar que el sitio sigue un lugar de tráfico de cigarrillos y que el corazón de 650000 euros ya perdió el color vivo de su instalación.

Como pasa generalmente, los paseantes me ubicaron enseguida (y eso que había renunciado a ponerme la chaqueta de color rojo vivo que compré el pasado jueves en una tienda de ropa de obrero…). Y después de algunas frases de presentación, pudimos ponernos en marcha.

Atravesamos el mercado de prendas antes de pasar debajo del periférico y de entrar en la calle des Rosiers. La verdad es que esta calle tiene un aspecto muy diferente de las calles parisinas, pero tampoco es espectacular.

Pero luego empezamos a recorrer un parte del mercado Vernaison y las dos callecitas del mercado Biron. Echamos un vistazo al mercado Serpette en donde los anticuarios proponen productos de categoría a unos coleccionistas adinerados, antes de seguir por los mercados Paul Bert Y Jules Valles.

Pasamos por el cementerio de las estatuas y pregunté el precio de una rana de hierro…

Y seguimos visitando los diferentes mercados, apreciando sus diferencias.

Al salir del último trozo, seguimos rumbo al mercado de la calle Duhesme y encontramos una terraza acogedora para beber unas cañas.

Uno de los paseantes me explicó que tenía varias actividades entre las cuales, la instalación de jardines verticales. Así que extendimos el paseo, atravesando la colina de Montmartre para descubrir algunos detalles que no conocían, admirar otra vez el panorama desde el Sagrado Corazón y seguir rumbo abajo hacia el jardín vertical diseñado por Patrick Blanc e instalado en 2013.

Lo cierto es que el “Oasis de Aboukir” se beneficia de un excelente mantenimiento, así que solo se ve una pared vestida de una vegetación exuberante.

En este punto se separaron nuestros caminos. Espero que apreciaron el recorrido.

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Mundos paralelos

El lunes por la mañana, mi autobús de siempre me dio la oportunidad de constatar los daños provocados por los alborotadores de la manifestación de la víspera. ¡Impresionante! Entra la plaza Léon Blum y la plaza de la Nación, destrozaron metódicamente todos los escaparates de los bancos, así como varias vidrieras de agencias inmobiliarias y otras oficinas relacionadas con las actividades financieras.  También rompieron las puertas de dos almacenes de productos bio y los manifestantes se apropiaron todas las mercancías disponibles.

Si condeno estas destrucciones, también considero que son representativas de la distancia cada día más importante entre las élites que gobiernan y los ciudadanos de a pie que no pueden llegar a fin de mes. Para estas personas, alojarse es una pesadilla y el banquero es un enemigo, así que se entienden sus destrucciones muy selectivas, pero no resuelven nada…

A veces pienso que tendríamos que proponer a los legisladores el desafío de vivir un mes con el salario mínimo, pero no sé si sería suficiente para que entiendan lo que viven algunos desgraciados…

Por suerte, yo puedo visitar algunas tiendas de vez en cuando.

Para empezar, probé el proceso de devolución de algunos productos a una firma de muebles sueca. Recorrí la larga calle de Rivoli, notando de paso que se ven cada día más comercios vacíos con carteles “se alquila” o “se vende”. También descubrí un nuevo almacén de la firma, dedicado a la decoración en la calle de Rivoli. El trámite de devolución se hizo en un plis plas y pude seguir rumbo al Norte, por la calle Montorgueil.

Aproveché otro atardecer para visitar una tienda de decoración en la calle de Sévigné. Mientras la dependiente se ausentaba para traerme el producto que había pedido, tuve un intercambio muy divertido con otro cliente, relativamente incierto en frente de un tejido… Miré varias cosas, pero me limité a la barra de hierro colado que quería para poner cortinas en mi casa de campo. Sobra decir que el trayecto de vuelta a casa con una barra de casi dos metros me costó bastante atención, pero no lastimé a nadie.

Ayer también visité varias tiendas en busca de tejidos y cortinas… En las tiendas que se hallan al pie del Sagrado Corazón, los dependientes se quejaban de bajo nivel de ventas. En el BHV y alrededor, se veía mucha gente ojeando, pero pocas personas con bolsas de compras.

Lo cierto es que las subidas de precio anunciadas últimamente asustan a cualquier persona…

Yo seguiré caminando y limitando las compras non esenciales a cosas acertadas.

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Entre dos elecciones

El pasado domingo quedamos en la casa de una amiga para seguir la noche electoral en la televisión con vino y queso. Si se acabó el folletín de la elección presidencial, Francia se quedó con tres vencedores: dos que se sienten orgullosos de sus marcas electorales y uno que seguirá en el palacio del Elíseo. También cuenta con varios derrotados, más o menos afectados por su marca y las consecuencias financieras asociadas.

A mí me asombró el desfilé de personalidades políticas que yo pensaba jubiladas. Pero pronto nos cansamos de los discursos de estos segundos de a bordo y dejamos de escuchar la televisión.

Ahora empezó el folletín de las alianzas para las elecciones legislativas. Tendremos que aguantar tres semanas de negociaciones entre los diferentes partidos ya que la fecha límite de candidatura es el 20 de mayo. Luego un mes extra será necesario para elegir a los nuevos diputados y definir una nueva asamblea nacional el 19 de junio.

Confieso que me cansé de la increíble colección de mentiras que se nos regalan cotidianamente. Sin embargo, aproveché un día soleado para seguir la manifestación del día internacional de los trabajadores.

Cuando llegué a la plaza de la república, el señor Mélenchon estaba haciendo un discurso delante del cuartel de policía. Más adelante el cortejo se formaba en el bulevar Voltaire. Cuando llegué a la cabeza de la manifestación, tuve la sensación de que no había mucha gente. Algunos alborotadores empezaron a molestar y yo preferí volver a la plaza de la República.

De paso, noté un cartel cuya letra me encantó.

“Dejen de prohibirlo todo, ya no puedo desobedecer todo”. Mis viejos amigos me dijeron que tenía la chispa de 1968…  🙂

Mientras tanto, los inquilinos de la calle Caulaincourt lagarteaban en alguna terraza o paseaban por el mercadillo de segunda mano instalado en las aceras. Entre los objetos expuestos, noté una lámpara de Gino Sarfatti y algunas estatuas antiguas de enanos de jardín. Desgraciadamente, el presupuesto de la temporada no da abasto para estas fantasías.

Y como no cuesta nada, seguiré caminando por las calles de París para entretenerme.

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